lunes, 7 de diciembre de 2009

Vientos paradigmáticos azotan el doble aniversario darwiniano

A lo largo de este año, el 2009, se celebra el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin, considerado por el público como padre de la teoría de la evolución, y los 150 años de la publicación de su propuesta “El origen de las especies”. La relevancia de Darwin radica en la popularidad alcanzada por su libro, texto que en el presente es aún muy leído.

Imagen: Charles Darwin, en puntoazul.wordpress.com de http://images.google.com.ar/images?hl=es&source=hp&q=darwin&gbv=2&aq=f&aqi=&aql=&oq=&gs_rfai=


En realidad, los méritos de la teoría deben ser adjudicados a un conjunto de estudiosos de la temática como Leclerc (Conde de Buffon), de Maupertuis, Lamarck, Cuvier, Malthus, Spencer, Wallace y otros, quienes fueron generando durante un siglo el clima científico apto para producir el cambio de paradigma: de la creación en un momento dado de un mundo inmutable a otro que evoluciona mediante la selección natural a lo largo de millones de años.
Desde 1859 la teoría de la evolución se perfecciona y difunde, siendo aceptada en el presente por la mayoría de los hombres de ciencia. La versión actualizada se denomina neodarwinista o teoría sintética. El Papa Juan Pablo II, en 1996, reconoció que la creación y la evolución pueden convivir juntas sin conflicto, con tal que se mantenga que sólo Dios puede crear el alma humana.
Ingresando en el siglo XXI, la idea de un universo en evolución se consolida, sin embargo, las aseveraciones neodarwinistas presentan serias fisuras. Los avances del conocimiento científico presentan pruebas que contradicen principios estructurales de la teoría clásica. Esto quiere decir que la evolución es un hecho y que lo que se cuestiona es la teoría que lo explica y no el hecho en sí mismo.
El razonamiento darwiniano se funda en la selección natural, la lucha por la supervivencia del más apto y por el gradualismo y la ausencia de un principio causante de las mutaciones. Estas ideas fuerza son observadas por científicos evolucionistas que en sus investigaciones encuentran ciertas anomalías que deben ser resueltas.
El pensador ruso Piotr A. Kropotkin, basado en estudios realizados en Siberia en la década de 1860, plantea que las especies para vivir en un clima tan extremo, antes que mantener una batalla encarnizada manifiestan un apoyo mutuo, una conducta altruista, necesaria para su existencia. Estas experiencias contradicen el criterio darwiniano de la lucha por la supervivencia del más apto.
Las bacterias fueron los primeros seres vivos, células sin núcleo, habitaron en soledad la Tierra durante 2000 millones de años, hasta que apareció el componente nuclear dando origen a las células eucariotas. La bióloga Lynn Margulis manifiesta que esto fue posible por la incorporación de organelos al original bacteriano, suceso no explicable por mutaciones aleatorias, sino por un proceso de simbiosis. Así surgieron los tres reinos restantes, hongos, vegetales y animales. La simbiosis es un asunto cooperativo y se contradice con el espíritu competitivo que plantea el darwinismo.
Los paleontólogos Gould y Eldredge sostienen que el registro fósil no revela gradualismo sino largos períodos de estabilidad y repentinos cambios bruscos con extinciones en masa y surgimiento de nuevas especies. Su posición es reconocida como modelo del “equilibrio puntuado” y contraría el gradualismo de Darwin.
Por su parte, el bioquímico Michael Behe afirma que los fenómenos moleculares, microscópicos, de la bioquímica celular, sin analogía con los acontecimientos macroscópicos, no son explicables ni por selección natural ni por mutaciones aleatorias graduales en el código genético, caracterizando dichos fenómenos moleculares como complejidades irreductibles. Behe indica para esta etapa molecular de gestación de la vida, hermética al entendimiento, la intervención de un diseñador inteligente. Con esta postura no científica intenta compatibilizar la evolución con las ideas creacionistas. Este salvavidas sobrenatural que arroja Behe no anula su trabajo específico que pone en evidencia transformaciones microscópicas incompatibles con la teoría sintética.
Más racional es el mensaje del biólogo español Francisco Ayala al sostener que no hay contradicción necesaria entre la ciencia y las creencias religiosas. Y agrega, Darwin ha hecho un gran regalo a la teología ya que, al principio, la teoría de la evolución había parecido eliminar la necesidad de Dios y, ahora, ha suprimido de la forma más convincente la obligación de explicar las imperfecciones del mundo como resultado del diseño inteligente incompetente. El neodarwinista Ayala reconoce que la teoría no explica qué cambios genéticos hace distintos a los humanos de los chimpancés, ya que las regiones del genoma que comparten las dos especies son un 99 por ciento idénticas.
Para Maturana y Varela los seres vivos son sistemas acoplados estructuralmente al medio en que se desarrollan. No son ni más ni menos aptos. Si existen son aptos y si pierden esta condición se desintegran. Estos intelectuales chilenos niegan la supervivencia del más apto como mecanismo evolutivo.
Antonio García Bellido llama sintagmas a los complejos de genes/proteínas que controlan el desarrollo embrionario en animales. Existen sintagmas que intervienen en la formación de patas, otros de alas, ojos o aletas. Según el biólogo español, los apéndices de vertebrados y artrópodos no son estrictamente órganos homólogos pero vemos que en su morfogénesis hacen uso de genes y sintagmas conservados. Esta constatación científica es incompatible con el gradualismo darwiniano basado en mutaciones al azar.
El biólogo madrileño Máximo Sandín sostiene que no existe el gen de sino secuencias repartidas en fragmentos dispersos que se combinan bajo el control de la totalidad del genoma, con la participación condicionante del entorno, razones antagónicas al determinismo genético sostenido por el neodarwinismo. La selección natural o es viable o no es nada y, coincide con Maturana, hay acoplamiento estructural (adaptación) o desintegración. Sandín atribuye a los virus cambios en la organización de los sistemas y a esto llama evolución. Y afirma, el proceso evolutivo es un extraño fenómeno de cambio brusco y simultáneo en todo un ecosistema.
La teoría de la evolución neodarwinista, que explica sólo fenómenos biológicos, ignora la interpretación de sucesos que ocurren en los escenarios cósmicos abióticos, psíquicos, concientes y racionales. Si la evolución es un hecho universal la teoría debe poder dilucidar el abanico de acontecimientos que van desde el big bang a los cúmulos de galaxias, de la célula a las emociones, del lenguaje a la cibernética.
De los cuestionamientos, de las distintas visiones, de las ideas audaces, de la perseverancia investigativa, del diálogo transdisciplinario, de los resultados contradictorios, del respeto hacia las posiciones antagónicas, de la honestidad intelectual, surgen las nuevas realidades y a pesar que éstas tienen lapsos cada vez más cortos de vigencia: ¡vale la pena!


Reflexiones

El aporte, que motiva a pensar, de las posiciones relatadas se puede resumir en las siguientes preguntas:
¿La evolución es un proceso de mutación genética y de selección natural o de generación de nuevas formas de organización?
¿Es de lucha por la supervivencia del más apto, de conductas cooperativas o de conflictos y apoyos mutuos entremezclados?
¿Se gesta en forma paulatina u ocurre en forma repentina?
¿Es un fenómeno de la materia o participa también la realidad insustancial del mundo de las interrelaciones?
¿Interviene sólo el azar, hay determinismo organizacional o participa un diseñador inteligente?
¡Celebremos el doble aniversario de Charles Darwin, como abanderado de una corriente científica que lo tuvo como difusor popular de la teoría de la evolución!
¡Preparemos nuestras mentes para un inminente cambio de paradigma!
Mario Hails - Noviembre de 2009

Safe Creative #1007296939310

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Agradezco tu comentario