lunes, 24 de septiembre de 2012

Sistema, materia y espíritu


Primeras acepciones
El desarrollo del concepto “sistema” es extenso. En occidente su inicio se remite a la Grecia intelectual de hace más de dos milenios. Lo intrincado del tema es que las modificaciones surgidas en el tiempo se suman sin desacreditar las versiones anteriores. En la actualidad todas las interpretaciones tienen vigencia en algún estamento de la sociedad.
La palabra sistema es utilizada con frecuencia por todas las disciplinas científicas y prolifera en el lenguaje cotidiano y mundano. Cualquier conjunto de cosas enlazadas entre sí se denomina con tal vocablo y se adjudica al término un significado tan amplio que entorpece su consolidación semántica.
Aristóteles
Los filósofos en la antigua Grecia le adjudican el sentido de una totalidad deductiva de discurso o conjunto de premisas con la respectiva conclusión. Hasta el siglo XVIII se designa así a toda teoría científica o filosófica con escaso carácter empírico. El sistema del mundo hace referencia a las hipótesis cosmológicas, como así también son sistema aquellas que tratan sobre el alma, el cuerpo y las diferentes sustancias.
En los orígenes de la ciencia moderna, afianzada en las últimas centurias, surge la noción de totalidad o todo organizado. Con tal sentido se designa al sistema solar o al sistema nervioso y se incorpora el concepto de materialidad de los elementos constituyentes, como el sol y los planetas o las neuronas. Así, la idea de sistema se centraliza en el todo y sus partes, es una mirada introspectiva, analítica, del ente distinguido.
La materialidad de los componentes que integran el conjunto y el comportamiento de las partes y sus interrelaciones configuran la esencia del modelo. El sistema se entiende como unidad de… y se concibe sólo hacia dentro de sí mismo. Cabe aclarar que desde esta perspectiva la idea de todo y unidad se confunden.

La participación del entorno
En las primeras décadas del siglo XX numerosos investigadores sienten la necesidad de trabajar con totalidades en lugar de unidades fragmentadas.  Esta intención es congruente con la tendencia de ese tiempo a no aislar los fenómenos del contexto. A partir de esta posición, los trabajos de campo tienden a examinar segmentos de la naturaleza cada vez más amplios.
La idea de sistema como conjunto de elementos vinculados entre sí que como un todo interacciona con el entorno germina entre numerosos científicos. El modelo sugerido manifiesta cualidades de la totalidad que no se encuentran en las partes constituyentes. Además, los elementos constitutivos son también sistemas, sistemas materiales que condicen con la concepción materialista de la ciencia clásica. Desde esta posición, unidad significa el conjunto de elementos interrelacionados y totalidad ese mismo conjunto que al unísono interactúa con su ambiente.

La teoría
A mediados del siglo pasado crece la demanda de una visión holística que complemente el enfoque reduccionista de la ciencia tradicional. La intención es ordenar pensamientos dispersos en una teoría para ser aplicada a los distintos compartimentos usuales del conocimiento.
Bertalanffy
El biólogo Ludwig von Bertalanffy durante tres décadas dicta conferencias sobre el tema y en 1969 publica su “Teoría General de los Sistemas”, por tal motivo es considerado el padre o principal gestor de dicha teoría. Este distinguido autor impulsa la integración de las ciencias, desde la física y la biología hasta la sociología. Concibe al organismo como un todo o sistema y pretende descubrir los principios de su organización en sus diversos niveles.
A partir de los escritos de Bertalanffy y otros autores se proponen muchas definiciones de sistema, algunas adecuadas a necesidades de la especialidad a la que es aplicada, otras con variantes de redacción o con el aditamento de características distintivas. Sin embargo, la matriz original: “cierto número de elementos en interacción”, con todas las variantes imaginables, sigue siendo la sustancia del concepto.
La expresión “cierto número de elementos” es la característica de inclusión o esencia de ser en la enunciación clásica de sistema. Es la manifestación de aquello que ejerce el rol principal y la palabra “elementos” implica la idea de entes materiales. Sistema es un conjunto de cosas con masa y el aditamento “en interacción” o “interrelacionados entre sí” es una característica de distinción, es lo que le ocurre al ser y, en consecuencia, cumple con un papel secundario.
El concepto de “sistema” que se consolida en el siglo XX es materialista: la persona, su sistema nervioso, sus células, sus moléculas, sus átomos,…son componentes de componentes de componentes… todos materiales. Sistemas contenidos y contenedores de sistemas.

Los sistemas sociales
Luhmann
En el desarrollo del pensamiento sistémico no se puede soslayar la participación del sociólogo alemán Niklas Luhmann. Este autor dedica sus esfuerzos intelectuales, en las décadas del 60 al 90, a cimentar una teoría de los sistemas sociales.
Luhmann postula que lo que existen son sistemas autorreferentes, sistemas con la capacidad de establecer relaciones consigo mismo y de diferenciar estas relaciones de las relaciones con su entorno. De tal modo define al sistema por esa diferencia que logra consumar y mantener en el tiempo con respecto a su ambiente, diferencia que se incluye en el propio concepto de sistema. Esto significa que se constituye al establecer una diferencia respecto a su entorno y sólo puede entenderse como tal desde esa diferencia.
Esta capacidad de establecer relaciones consigo mismo habla de autogestión, es decir, competencia propia para seleccionar sus componentes, generar su estructura y determinar sus propios límites. Esta condición existencial de forjarse a sí mismo y, en simultáneo, a su propio entorno, es la autorreferencia sistémica, aporte teórico sustancial de dicho sociólogo. Del todo, del universo de cosas, el sistema produce una dicotomía: él y su entorno. En otras palabras, se autoconstituye y al definirse se autorrefiere al depender su existencia de sus exclusivas acciones.
Lo interesante de Luhmann, en el marco de los antecedentes tratados hasta aquí, es que considera al sistema de la sociedad conformado por comunicaciones. Si los componentes de la sociedad son las comunicaciones, es decir, procesos basados en el lenguaje, resulta que los constituyentes del sistema son inmateriales. Este criterio estrictamente relacional, como perspectiva ontológica, se encuentra más cerca del etéreo o conceptual sistema discursivo que de la materialista TGS de Bertalanffy.
Si bien el sociólogo alemán hace valiosos aportes como la autorreferencia y la exclusión de la persona como componente de la sociedad (la sociedad está constituida por comunicaciones no por organismos humanos), entre otros temas, no resuelve el problema de fondo, la cuestión ontológica, el ser del sistema. Aclara el sociólogo alemán que sus esfuerzos están dedicados a los sistemas sociales y deja así abierta una brecha con los sistemas físicos y biológicos.

La inmaterialidad del proceso
En Chile, sobre finales de siglo, comienza a germinar una visión transformadora que pretende explicar el fenómeno de la vida como suceso sistémico. Para tal cometido se cambia el punto de partida de la teoría general al redefinir el concepto de sistema.
Maturana
Los biólogos, neurofisiólogos y filósofos Humberto Maturana y Francisco Varela proponen, en la década del 70, en investigaciones sobre la organización de los seres vivos, que lo que interesa en el organismo como sistema “no son las propiedades de sus componentes, sino los procesos y relaciones entre procesos, realizados por medio de los componentes”. Alegar que lo importante son los procesos y relaciones entre procesos es trascendente pues quita del primer plano a los componentes y sus propiedades, considerados hasta ese momento primordiales por el resto de la bibliografía.
Varela
Para estos intelectuales lo relevante es el proceso, o sea, los eventos interactivos que acaecen en la dinámica de la vida y a eso lo identifican con la idea de sistema. La definición que afianza este enfoque es la siguiente: sistema es un proceso que requiere del operar de un conjunto de elementos materiales relacionados entre sí que, como unidad simple, interactúa con su entorno.
Aquí la expresión “proceso” es la característica de inclusión o esencia de ser. Es la manifestación de aquello que ejerce el rol principal e implica, en esta oportunidad, una idea de ente inmaterial. Sistema es una sucesión de sucesos recursivos, una cadena de operaciones recurrentes, algo etéreo. Los aditamentos en la enunciación: “que requiere del operar de un conjunto de elementos materiales relacionados entre sí que, como unidad simple, interactúa con su entorno”, son características de distinción, es lo que participa para que el ser sea y, en consecuencia, cumple con un papel imprescindible aunque secundario. Esta concepción, que implica trascendencia ontológica y aplicación general, abre una puerta al entendimiento, a la integración de esas dos partes aisladas e irreconciliables en su historia filosófica: materia y espíritu. Noción de espíritu que germina en la dinámica propia de la red de relaciones que hacen al sistema.
Maturana asevera que es posible hablar de dos tipos de unidades: simples y compuestas. Unidad simple es aquella entidad en la que el observador no distingue componentes. Unidad compuesta es esa donde el observador diferencia componentes. A esta dicotomía, es posible adicionar el tercer concepto en juego: la totalidad. Ésta es "todo", o sea, la unidad simple interrelacionada, integrada, con su entorno.
Desde esta visión procesal se entiende que la sustancia del sistema está en el tejido de relaciones, un ente sin masa, ajena a los sentidos, que es la esencia del ser de las cosas. Esa esencia es lo que se distingue como espíritu.

Visión holística integrada
La Teoría General de Sistemas como herramienta del intelecto permite elaborar explicaciones difíciles de resolver por otros medios. El concepto “sistema”, como proceso, introduce una visión inmaterial de la realidad hasta el presente inédita, sin descartar la materialidad al integrarla como componente necesario en la operación sistémica recursiva.
El Sistema Solar es la red de interacciones gravitatorias. No los cuerpos celestes interrelacionados
Esta idea de sistema hace posible distinguir un mundo de materialidades e inmaterialidades, de cuerpo y espíritu, que en su entretejido configura nuevas realidades que no son más que viejas creencias intuitivas ahora sustentadas desde axiomas de la teoría de sistemas. Queda así planteada la posibilidad de entender las cosas que suceden de una forma complementaria entre el saber de la ciencia tradicional occidental y la sabiduría mística de las comunidades religiosas.
El concepto “sistema”, como proceso, puede ser superador de versiones anteriores. En tal caso, el aditamento de la espiritualidad al esquema materialista de la ciencia clásica, complementa perspectivas y permite una visión holística integrada. Las pretensiones primigenias de los creadores de la  teoría: un lenguaje común unificador de las distintas disciplinas científicas, no sólo es posible sino que agrega la comunión entre dos mundos hasta el presente irreconciliables: materialismo y espiritualidad.


Espiritualidad inasible


Reflexiones
¿Qué entendemos cuando decimos “sistema”?
¿Una totalidad deductiva de discurso?
¿Un conjunto de premisas con la respectiva conclusión?
¿Un cierto número de elementos en interacción?
¿Esa diferencia que se consuma con respecto a su ambiente?
¿Es un proceso?
Bajo el amparo de pensar al sistema como proceso: ¿La dinámica propia de la red de relaciones que hacen al sistema puede se admitida como la antiquísima idea de espiritualidad?
La herramienta que resulta de entender al sistema como proceso: ¿es una oportunidad de lograr la comunión entre los dogmas materialistas y espiritualistas?

¿Es la esencia el espíritu y la materia el vehículo?
                           
                                                           Mario Hails, Setiembre de 2012

martes, 21 de agosto de 2012

Realidad, objetividad y mente

Introducción

A ese algo que existe fuera de nuestra mente se le denomina “realidad”. Esta forma de pensar es clásica y prima en la filosofía y en la ciencia occidental. Dada esa realidad externa, algunas corrientes intelectuales sostienen que su acceso es directo, invariante y único, otras, en cambio, afirman que, en mayor o menor grado, dicho acceso está restringido, .
Surgen así diferencias, al pretender explicar ese algo de allí fuera, que se traducen en numerosas posturas en la episteme . Las variaciones en la forma de pensar ponen de manifiesto una tendencia en el tiempo: de la certeza hacia una incertidumbre creciente en el conocimiento de la externalidad.
La realidad siempre es distinguida por un observador. Éste, observa al objeto con cierta objetividad, que puede ser absoluta o relativa, según el marco teórico esgrimido por el sujeto inquisidor.
A continuación, una síntesis de las principales doctrinas, dejando de lado muchas alternativas, que tratan el tema en cuestión. Se intenta mostrar el desarrollo cognitivo de los axiomas del observador al hacer la distinción del mundo que le rodea. Como conclusión, una frase presentación de una propuesta integradora que brinda nuevas perspectivas para conjeturar realidades.

Positivismo ingenuo
El positivismo, empirismo o realismo ingenuo considera que la realidad existe fuera del observador y que éste es un simple colector de lo que ocurre en el mundo. Esta posición sustenta que hay una relación unívoca entre los conceptos y los objetos. Las leyes y los mecanismos naturales reflejan el comportamiento regular de lo real. La realidad es independiente del sujeto cognoscente, es externa, con existencia previa a la percepción del observador. Es captada por los sentidos, aprehendida por el cerebro y descripta en el lenguaje.
Para el positivismo ingenuo la objetividad es la cualidad de lo objetivo, de tal forma que pertenece o es relativa al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir que pueda tener cualquier individuo que lo observe o considere. La objetividad es única, absoluta y niega los contenidos ilusorios y espirituales.

Postpositivismo:
Esta corriente filosófica sustenta que la realidad existe, que está regulada por leyes y mecanismos naturales y que una objetividad absoluta subyace fuera del observador, aunque éste es incapaz de acceder a ella en su totalidad debido a sus propias imperfecciones, como lo son sus deficiencias sensoriales y del intelecto. Por lo tanto, no hay una relación unívoca entre los conceptos y los objetos ya que el observador es imperfecto. Desde este lugar la objetividad absoluta reside en lo real y la objetividad del observador está condicionada por su formación biológica y cultural.
La realidad sigue incólume allí fuera, sin embargo, no es exactamente lo que percibe el observador. La objetividad es relativa pues se encuentra afectada no sólo por la estructura física y mental histórica del observador sino también por el contexto de las llamadas tradición crítica y comunidad crítica.

Construccionismo
Según esta doctrina y sus derivadas, el observador construye una realidad interna, que hace de modelo de la externa, sin que exista una correspondencia directa, es decir, la construcción interna o mental no es una copia de lo real. No niega la realidad y sostiene que el conocimiento se basa en observaciones utilizadas para elaborar representaciones fundadas en distinciones independientes de la realidad. Esta última no es detectable en forma directa sino a través de imágenes mentales que dependen de la experiencia de vida de cada persona, en el marco de su inserción en comunidades y de éstas en la sociedad. En el construccionismo la objetividad se aleja aún más de una situación de privilegio.

Constructivismo social y construccionismo social
En los últimos años toma relevancia la participación del entorno en la conformación de las proposiciones que vehiculan el conocimiento. El constructivismo social se basa en la figura mental representacionista del observador inserto en las relaciones del medio social. El construccionismo social le quita protagonismo a la mente individual y afirma que el conocimiento se construye en la red social.
Kenneth J. Gergen
Según el psicólogo social Kenneth J. Gergen y seguidores, toda inteligibilidad humana se genera dentro de las relaciones entre personas y el conocimiento se crea, se modifica y se usa en contextos sociales, en consecuencia, son en esencia sociales. El lugar donde se gesta el conocimiento no es la mente del ser humano sino que se forja a través de las pautas de las relaciones sociales.
Desde la posición de Gergen las teorías científicas como cualquier otra creencia postulan otra realidad, no la absoluta, y no deben ser consideradas verdades, sino propuestas puestas a prueba en sus resultados pragmáticos.
La objetividad sufre aquí las interferencias del dominio de las redes sociales. Además de éstas, se suman todos los condicionamientos referidos a las visiones de mundo citadas con anterioridad. 

Dominio ontológico trascendental
Las posiciones filosóficas anteriores, relatadas en simplificada exposición, participan de un dominio ontológico común que postula la existencia de una realidad externa cognoscible. Sostienen que el ser de lo real, eso que hay allí fuera, es perceptible, de seguro acceso. En el positivismo ingenuo ese acceso es directo, sin impedimento alguno. En el resto de los enfoques ideológicos los condicionamientos crecen con el desarrollo teórico en los siguientes aspectos: en la percepción, en la estructura física y mental histórica, en el contexto tradicional y cultural, en las representaciones mentales, en la inserción comunitaria o en la construcción social del conocimiento.
Desde esta perspectiva ontológica trascendental la objetividad del observador es factible y fluctúa desde absoluta a cada vez más relativa. “La realidad es real”, si se acepta la autorreferencia, y está presente al ser detectada por los sentidos. Este dominio ontológico es denominado trascendental porque traspasa los límites posibles de la experiencia al asumir que el observador tiene acceso a una realidad independiente y, en consecuencia, sus creencias son la verdad con automática exclusión de cualquier otra. Esto es así, porque las explicaciones del observador de sus experiencias suponen la posesión de un acceso privilegiado a una realidad objetiva.

Biología del conocimiento
Los biólogos Humberto Maturana y Francisco Varela sostienen, como resultado de sus investigaciones neurofisiológicas, que la realidad, eso que hay fuera del observador, es incognoscible y que el mundo que se dice conocer es fruto de elaboraciones mentales consolidadas en la praxis del vivir a lo largo de la filo y la ontogénesis. La realidad no es una experiencia es un argumento en una explicación y ésta es factible en el lenguaje.
El observador es aquel que hace distinciones en sus conversaciones consigo mismo o con otros humanos. Las características constitutivas del observador son biológicas y todos los seres vivientes son incapaces en la experiencia de distinguir entre percepción e ilusión. Esta condición manifiesta que no hay conexión entre la actividad mental del observador  y una realidad externa cognoscible. Sólo hay actividad mental del observador fundada en la praxis de su vida pasada y de la heredada de sus ancestros desde los orígenes hace 3700 millones de años.
Humberto Maturana
La biología del conocimiento permite deducir que las cosas son reales sólo en el dominio de existencia que crea el observador con su imaginación, es decir, dicho observador constituye su dominio de realidad mediante sus operaciones de distinción, en el entretejido de sus conversaciones. 

La diferencia entre una realidad externa cognoscible y una realidad imaginada es ontológica y a esta segunda posición filosófica, dice Maturana, se la cataloga como ontología constitutiva.
La realidad es imaginación y se concreta en la mente del ser humano gracias al lenguaje y al pensamiento. En este marco, el concepto de objetividad tradicional desaparece y es reemplazado por lo que Maturana llama (objetividad) entre paréntesis. Este último concepto, la (objetividad), significa que el observador abandona su deseo de obtener en la investigación un resultado en particular, al emprender la generación de una explicación en términos operacionales según el método predeterminado por la comunidad científica a la que pertenece.

Dominio ontológico constitutivo
Dominio ontológico constitutivo es aquel donde todo lo que el observador distingue es producto de su imaginación, es decir, la distinción se constituye al distinguir. En el observador, la distinción del otro ocurre en el momento que se distingue a sí mismo. El observador se constituye al distinguir que se distingue y al distinguirse establece su distinción. 

El dominio ontológico constitutivo al ser autorreferente se enreda en el palabrerío de su propia explicación . Situación reflexiva necesaria de incorporar al acervo intelectual pues parece ser que la autorreferencia es una característica de los mecanismos de la naturaleza.
En el dominio ontológico constitutivo cada explicación es entendida como una realidad en que los entes y las redes de relaciones entre los entes surgen a través de las coherencias operacionales que la comunidad de observadores instituye. Esto hace que todo ser humano sea responsable operacional de los dominios de realidad que genera. “Las cosas no son como son sino que son como somos”, esta frase profundiza la de Immanuel Kant (1724-1804): “Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros.”

Relato integrador
Se puede hacer un esfuerzo imaginativo al intentar complementar las formas de pensar de Gergen y Maturana. El primero afirma que el lugar donde se crea, se modifica y se usa el conocimiento no es la mente cerebral, sino el seno de un contexto social, o sea, en la sociedad; y, el segundo, manifiesta que el mundo que se dice percibir es fruto de elaboraciones mentales del ser humano consolidadas en la praxis del vivir a lo largo de la filo y la ontogénesis.

Al comprender el alcance de las interpretaciones de Gergen y Maturana se puede concebir un relato de integración que expresa: el mundo que se dice conocer es creado, usado y modificado por la mente sistémica de cada sociedad humana consolidada en sus experiencias pasadas desde el origen de los tiempos. Esta propuesta integradora brinda nuevas perspectivas para conjeturar realidades.

Reflexiones

Eso que existe allí fuera, la realidad: ¿es de acceso directo, invariante y único?

Si la objetividad absoluta reside en lo real: ¿la objetividad del observador está condicionada por su formación biológica y cultural?

Las imágenes mentales que representan a la realidad: ¿dependen de la experiencia de vida de cada persona?

Si el conocimiento no se gesta en la mente del ser humano: ¿son los contextos sociales los que lo crean, modifican y usan?

Si eso que hay fuera del observador es incognoscible: ¿la realidad es un argumento en una explicación, factible sólo en el lenguaje?

Si la objetividad tradicional es un imposible: ¿ser (objetivo) significa tan sólo una predisposición del observador a no buscar un resultado en particular y a trabajar según lo indique su comunidad científica?

Si la externalidad es incognoscible, si el mundo distinguido es imaginado por tejidos sociales, si la gestación de la realidad es fruto de experiencias pasadas desde el origen de los tiempos: ¿es una mente sistémica social la que rige en el presente?

¿La mente social posee objetividad suficiente para imaginar una realidad que le garantice su sobrevida?


                                                                                Mario Hails, Agosto de 2012




viernes, 4 de mayo de 2012

La mente como red de relaciones



La presente entrada es continuación de:
Cerebro biológico, mente emergente”
Del 16 de abril de 2012.

Posiciones cognitivas

La sociedad humana en una permanente autoobservación pretende dilucidar qué es la mente. Los intentos en las últimas centurias son numerosos, se distinguen como corrientes de pensamientos en comunidades intelectuales que comparten una hipótesis al respecto.
Con el paso del tiempo, las doctrinas más antiguas pierden adeptos mientras que alguna nueva, que colecta experiencias pasadas y le adiciona su propio aporte teórico, logra sumar adherentes y gozar de los laureles de la “verdad”, aunque sea una "verdad" transitoria.

Las variaciones en el tiempo de las posiciones cognitivas que tratan sobre el problema de la mente se pueden sintetizar, en forma sucinta, en los párrafos que siguen a continuación:
La mente es la capacidad intelectual del alma humana, sostienen unos. No, la mente no existe, sólo es neurofisiología, un proceso cerebral, responden otros. Se encuentra cobijada en las emociones, los sentimientos y en las conductas observables, dicen algunos, y los más duros restringen, no, únicamente en éstas últimas. Todo es muy claro, afirman terceros, existen dos dominios: un cerebro biológico y una mente autónoma inmaterial, ambos disímiles e independientes.
Posiciones más actuales sustentan que los procesos mentales son estados funcionales del ser vivo y no dependen de los componentes del organismo sino de la función que éstos cumplen. El estado mental se confunde con el estado funcional.


Emergencia sistémica
Enfoques contemporáneos propugnan que los procesos mentales son una cosa distinta a los estados biológicos del cerebro, aunque necesiten de éstos. Llaman emergencia al surgimiento de la mente como propiedad del todo neurofisiológico, característica que no se encuentra en los componentes sino en el accionar del conjunto.
  
Red relacional

Nadie duda del cerebro, es visible, medible, tangible, observable. Se entiende como una red de células nerviosas, estructura material, que estudia la neurociencia. En cambio, la mente plantea muchas incógnitas, es invisible, etérea, intangible, imposible de observar. 


Para lograr compatibilidad entre ambos entes, respetando la independencia de dominios de existencia y el hecho de necesitar el uno del otro, a la mente se la puede pensar como una red relacional. Esta unidad inmaterial, que se pone de manifiesto a través de percepciones, sensaciones, sentimientos, intencionalidades, conductas, raciocinios, motivaciones, etc., eventos que investiga la psicología, se adapta a las necesidades teóricas expuestas por intelectuales contemporáneos.

Si se acuerda como axioma que la mente es una red de relaciones que ordena la constitución y el operar de toda estructura distinguible, es posible ampliar el campo de empleo del concepto y aplicarlo a los distintos niveles de complejidad que componen el mundo conocido. Frente a tal posibilidad, el cerebro resulta una estructura particular de los seres vivos y la mente biológica la red de relaciones implicada en sus acciones, pudiendo existir otras que conciernen a diferentes clases de estructuras. Así, pueden existir mentes más simples y otras potenciadas respecto a las de un organismo.

Sistemas físicos

El sistema solar está integrado por el sol, los planetas, satélites, asteroides, cometas y todo aquello que ocupa el espacio interplanetario. La red de relaciones gravitacionales que vinculan a las masas componentes regula la dinámica entre las partes y ha logrado mantener vigente el orden establecido durante los últimos 4600 millones de años.
Con características semejantes una red de relaciones electromagnéticas custodia el estado de equilibrio en el seno de cada molécula. Cuando esta red es afectada deja de funcionar y la molécula se descompone en elementos más simples con liberación de energía.

Los cuerpos poseen masa y un intrincado tejido de interconexiones que le otorga una determinada forma o estructura espacial, modificable en el tiempo. Estas redes de relaciones que requiere la organización de la materia puede asimilarse a una mente primigenia. 

Seres vivos

El distinguido biólogo David Attenboroug cuenta que el volvox es un conjunto organizado de gran número de células, cada una con un flagelo, que coordinan sus movimientos para conducir a la pequeña bola (del tamaño de una cabeza de alfiler) en una dirección particular. Lo interesante es que células idénticas a las del volvox pueden llevar una vida independiente.
También dice que las medusas están constituidas por dos capas de células, incapaces de sobrevivir por si solas, y que algunas de éstas están modificadas para transmitir impulsos eléctricos y se encuentran enlazadas en una red que funciona como un primitivo sistema nervioso. Estas manifestaciones primarias del nacimiento del sistema nervioso constituyen una red  de relaciones que coordina a las células y pueden interpretarse como el embrión de la mente biológica.

Colonias

Catedral - Nido de Termitas
En Australia las termitas construyen su casa o nido (llamado catedral) con saliva, tierra y excrementos, con la forma de columnas que sobresalen del suelo hasta más de cinco metros de altura. 
La colonia, que puede tener un millón de insectos, está dividida en castas y mantiene una eficiente integración de sus miembros con adjudicación de labores específicas a cada una de ellas. La red de relaciones que permite tal organización (comunicaciones por sonido, por química a través de feromonas y por la alimentación o trofalaxia) actúa como una mente que ordena el comportamiento del termitero y hace posible tales construcciones monumentales en el continente de Oceanía.



Comunidad
Canal de Beagle, ciudad de Ushuaia y Cordillera Darwin


La isla de Tierra del Fuego, en el extremo sur del continente americano, divisada por Magallanes en 1520 y visitada por Darwin en 1832, está habitada por humanos desde hace más de 10 mil años. A la llegada del europeo ocupaban el territorio cuatro comunidades: Yámanas, Haush, Onas y Alacalufes. Los primeros ocuparon las costas del Canal de Beagle y brazos vecinos, al suroeste de la isla. Vivían del mar y navegaban desnudos por las heladas aguas de la región, cubiertos con grasa de lobo marino.
Expedición Francesa 1882 - Yámanas
Los Yámanas construyeron las canoas más perfeccionadas de toda Sudamérica. En la actualidad no quedan aborígenes puros en la región de Tierra del Fuego. La red de relaciones establecida por la comunidad Yámana les permitió vivir en un ambiente de paisajes hermosos, con clima frío y ventoso, y destacarse a nivel continental como expertos navegantes. Esa red de relaciones comunitarias operó como mente de la colectividad e hizo factible su existencia en la isla del fin del mundo.

Sociedad humana

Una nación es un pueblo con un origen común, ocupan un territorio que consideran propio, hablan un mismo idioma y comparten una tradición. En un país pueden convivir distintos pueblos siempre y cuando respeten los lazos institucionales que les unen. Rotos estos vínculos sobreviene la secesión. 


Mundo globalizado
La red de relaciones sociales, soportada por el estado de derecho, posibilita la existencia de países y también de municipios, provincias, empresas comerciales, militares, religiosas, científicas, deportivas, etc. Esta red de relaciones sociales basada en normativas interinstitucionales produce el ordenamiento requerido por la civilización humana para existir y actúa como una mente social o cultural. Esta mente cultural conduce, en el presente, el desarrollo de la Aldea Global.




Reflexiones

¿Es la mente una red de relaciones?

¿Puede existir una mente sin cerebro? y ¿Un cerebro sin mente?

La compleja madeja de interacciones gravitatorias que hace posible al sistema solar: ¿puede pensarse como una mente primigenia?


Un ladrillo: ¿tiene mente? ¿es inteligente?

La colmena como conjunto, como sistema, como un todo: ¿tiene una mente propia que opera en forma independiente del cerebro de cada abeja?

Algunas comunidades religiosas viven aisladas del resto de la sociedad, con normas de convivencia especiales: ¿una mente cultural regula los comportamientos colectivos? ¿qué relación hay entre esa mente cultural y el cerebro de cada miembro de la comunidad? ¿como se integra la mente de una colectividad que pretende permanecer aislada con la mente de la sociedad global? 

El fenómeno de la globalización es innegable: ¿alguna persona o grupo de personas lo proyectó, planificó y concretó? ¿la Aldea Global se hizo a sí misma? ¿existe una mente social autónoma que conduce el proceso? ¿qué mente sobreviene a la mente de la sociedad global?


Mario Hails, Mayo de 2012

lunes, 16 de abril de 2012

Del cerebro biológico a la mente emergente


¿Qué es la mente?
Las respuestas a esta pregunta son numerosas y con enunciados muy diferentes. El pensamiento humano genera creencias sobre la mente que son fundamento de formas de vida disímiles y, en muchas circunstancias, antagónicas.




Mente




Imagen de: http://aespacios.blogspot.com.ar/; gracias.






Por un lado, varios diccionarios coinciden al especificar el concepto:
1.                    conjunto de las facultades intelectuales de una persona. (Manual de la Lengua Española, 2007, Larousse Editorial, S.L.); 
2.                    potencia intelectual del hombre. (Enciclopedia, 2009, Larousse Editorial, S.L.);
3.                    capacidad intelectual humana.(De la lengua española, 2005, Espasa-Calpe;
4.                    potencia intelectual del alma. (Real Academia Española, 22° edición).

Estas definiciones hacen referencia al intelecto, al alma, a inmaterialidades de la realidad y se acercan, de esta manera, a lo que intuye el sentido común. Establecen un contacto con el campo religioso pues su esencia trata sobre ese ingrediente básico del universo: la espiritualidad.
Por otro lado, la ciencia clásica materialista niega la existencia de la mente o, en el mejor de los casos, supone su reducción a fenómenos biológicos y físicos. Las neurociencias, como conjunto de disciplinas científicas, estudian la estructura del sistema nervioso y las funciones de los procesos mentales. Mediante el análisis de la bioquímica, la farmacología, las patologías, la genética, las técnicas de neuroimagen, el registro de la actividad eléctrica, etc., de las redes neuronales y la comprensión del comportamiento, las neurociencias pretenden saber todo sobre la actividad mental.
Las dos posiciones relatadas en forma muy sintética plasman una dicotomía ontológica difícil de resolver. La diferencia axiomática se puede manifestar con simpleza diciendo: para la ciencia clásica la espiritualidad como expresión de sucesos inmateriales no tiene cabida.

Dos campos
Es posible distinguir dos campos: uno, el de los procesos cerebrales; otro, el de los procesos mentales. Desde la neurofisiología y la psicología se generan interpretaciones que suponen distintos roles para cada uno de dichos dominios: la negación de uno; la reducción al otro; la dependencia funcional; o el accionar autónomo.
Nadie cuestiona la existencia del cerebro, estructura física material detectable por los sentidos. En cambio, la mente, reconocida por el producto intelectual autoobservado por el humano es inasible, etérea, intangible, inmaterial o negada. Esta última alternativa, el vacío mental, es quizás la respuesta más simple e ingenua a la pregunta inicial.

Posiciones materialistas
Según la corriente de pensamiento monista, ambos campos se superponen constituyendo uno solo, o, directamente, los procesos mentales no ocurren, la mente no existe y todo es proceso cerebral. En tal caso, este último es reducible a sucesos biofísicos.
La psicología nace a fines del siglo XIX con el objeto de comprender la mente. La ciencia clásica vigente ejerce su influencia y, comenzado el siguiente siglo, la psicología orienta su cometido al estudio de la conducta en sus aspectos internos, como las emociones y los sentimientos, y externos, las relaciones con terceros. Décadas después, esta postura denominada conductista se hace más rígida y materialista, al negar las sensaciones internas y entender que la psicología sólo debe tratar los comportamientos del sujeto con su ambiente. Así, la psicología se somete al pensamiento dominante en esos tiempos y la mente es excluida como tema de su incumbencia al considerar su inexistencia, ya que es imposible observarla o medirla.

Posiciones dualistas
La constatación de procesos mentales ajenos a conductas observables lleva al neurofisiólogo John Eccles, basado en la filosofía de Karl Popper, a elaborar una idea dualista: un cerebro biológico y una mente autónoma no material. Es decir, dos dominios de existencia distintos e independientes, el primero comprende objetos físicos y biológicos y el segundo a las percepciones, emociones y otros estados de conciencia. Las influencias religiosas sobre Eccles hacen que éste confunda a la mente con el alma, sustancia espiritual y divina de los humanos. En tal caso, los animales no homínidos carecerían de mente.
Otra alternativa al monismo conductista es el funcionalismo. Esta posición también dualista sostiene que los procesos mentales son estados funcionales del organismo en su conjunto y no de sólo una parcialidad como lo son los estados cerebrales. Además, ese estado funcional del organismo es independiente de los componentes, es decir, el resultado del proceso mental no depende de los elementos constituyentes del organismo sino de la función que éstos cumplen. Para esta posición de la psicología un estado mental se confunde con uno funcional.
El cuestionamiento más importante al funcionalismo surge de la no correspondencia entre estado funcional y mental, tal es el caso de las propiedades cualitativas de las sensaciones, olores por ejemplo. Una misma función biológica puede tornar agradable o desagradable un determinado olor, dependiendo la diferencia de experiencias anteriores y no de la función en sí.

Emergencia de la mente
El problema cerebro-mente tiene una hipótesis contemporánea ofrecida por el lingüista y filósofo John Searle. Este autor desecha tanto la postura monista como la dualista, sostiene que el error de la primera es negar la existencia de la mente y el de la segunda en pensar que la mente está separada y por encima de lo biológico o material.


John Searle
Searle propone que los procesos mentales son una cosa distinta a los estados biológicos del cerebro, aunque dependan de éstos.  Sostiene también que no se puede hacer una reducción de la actividad mental a un proceso biofísico. Esta aseveración quita validez al pensamiento funcionalista.
Este filósofo estadounidense sustenta que los procesos mentales están causados por la actividad cerebral pero que son independientes de ésta, que son fenómenos autónomos que emergen del sistema nervioso. La idea de emergencia proviene de la filosofía y es utilizada por la teoría de sistemas y significa el surgimiento en el conjunto sistémico de propiedades especiales no reducibles a las propiedades de las partes componentes, es decir, que no se encuentran en los elementos constituyentes.
La emergencia de la actividad mental como algo separado aunque sustentable en la vida cerebral es denominada por Searle naturalismo biológico. Consiste en diferenciar dos clases de procesos con características específicas: 

  1. la red neuronal estudiada por la neurociencia;
  2. la red relacional de percepciones, sensaciones, intencionalidades,   comportamientos, raciocinios, etc., que investiga la psicología.

Reflexiones
Los estados cerebrales y los procesos mentales: ¿se confunden entre sí o son sucesos distintos? ¿interactúan entre ellos?
La mente: ¿existe? ¿Es un fenómeno de la espiritualidad?
¿Conviven lo material con lo espiritual?
¿El espíritu es una emergencia de lo material? o ¿La materia surge del espíritu?
Materia y espíritu: ¿se necesitan uno al otro?
El Universo: ¿es un ensamble de materialidad con espiritualidad?
La red relacional de la mente: ¿se corresponde siempre con un cerebro o pueden darse otras correlaciones?
La humanidad en su red de relaciones sociales: ¿posee una mente cultural?


Saber interrogarse


Hacerse la pregunta correcta es el principio de la solución.

Mario Hails, Abril de 2012

lunes, 5 de marzo de 2012

Conjugando el verbo divino con el sentido de la evolución


El jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin es una de las mentes más brillantes del siglo XX. El reconocimiento de la comunidad científica internacional como destacado geólogo y paleontólogo contrasta con las serias críticas que recibe su posición filosófica sobre evolución y teología. Sus mayores detractores son fundamentalistas darwinianos y religiosos, a su vez enemigos entre sí, que no aceptan posiciones distintas a las propias.


Pierre Teilhard de Chardin

Sus metódicos y meticulosos trabajos sobre fósiles de animales y humanos y su profunda vocación religiosa no fueron obstáculo para que asumiera ambas actividades con total dedicación. Por el contrario, exigieron de su talento filosófico un esfuerzo intelectual mayúsculo para parir una teoría conciliadora entre el proceso de evolución y la posición creacionista.
Teilhard de Chardin supo amalgamar las evidencias encontradas por el investigador que avalan la existencia de la evolución con la religiosidad del sacerdote jesuita creyente y devoto de un Dios omnipotente. Su acatamiento a la disciplina de la iglesia impide la publicación de sus manuscritos en vida. Los libros en circulación se imprimen después de su muerte.
El erudito jesuita amplía su evolucionismo de lo biológico a lo inanimado, a todo el Universo. Según su visión, el cosmos es el resultado de una evolución continua, con sentido ascendente, hacia lo más complejo.
El filósofo y mediador Teilhard está siempre presente en sus cavilaciones: los espiritualistas tienen razón cuando defienden tan ásperamente cierta trascendencia del hombre sobre el resto de la naturaleza. Tampoco los materialistas andan descaminados cuando sostienen que el hombre es solo un término más en la serie de las formas animales.
Laplace, Comte y Marx, entre otros, prescinden de la idea de Dios y, siguiendo la corriente ideológica del momento, la ciencia materialista se afianza en el siglo XX. Dios no es necesario.
Teilhard se encuentra aprisionado entre científicos y clérigos. El cepo de creencias atormenta su entendimiento. Entre el blanco y el negro, los grises brillan por su ausencia.
La presión ontológica paraliza o revela al genio. El temple jesuita le impide claudicar y reafirma la existencia de Dios. El esfuerzo intelectual lo proyecta fuera de la lámpara mágica para que cumpla sus propios deseos: el proceso evolutivo culmina en Dios, afirma, y pretende reconciliar las conclusiones de la ciencia con las de su propia fe.
Piensa que la evolución es un fenómeno universal con un fin determinado y recibe duras críticas darwinistas. Sostiene que Dios está al final del proceso, no al inicio, y las reprimendas clericales son inmediatas.
La lógica “teilhardiana” se fundamenta en el “tercer infinito”: uno, lo infinitamente grande, lo cósmico; dos, lo infinitamente pequeño, lo cuántico; tres, lo infinitamente complejo, Dios.
La vida es consecuencia del cosmos abiótico, el mundo consciente del inconsciente y una tercera mutación está implícita en el estadio consciente: la conclusión de la evolución en Dios.
Todo lo que existe en el Universo tiene un “adentro” y un “afuera”, un interior y un exterior. El interior es el “espíritu” y el exterior es la “materia”. Ambos conforman un todo indivisible: “espíritu – materia”.
Los átomos, las moléculas, las estrellas, las galaxias constituyen, en el tiempo, una complejidad creciente. La vida significa un salto cualitativo y la biósfera un incremento de la complejidad. La humanidad constituye un escalón cualitativo a partir del pensamiento reflexivo y la noosfera (red de pensamientos) un aumento de la complejidad.
Alfa es el inicio del proceso evolutivo y Omega es el punto de finalización. La flecha del tiempo parte de Alfa y concluye en Omega y, en su transcurso, crece la complejidad. El ascenso de lo físico a la vida, la psiquis, la conciencia, la reflexión y lo social depende de la complejidad del interior de las cosas, del adentro, de la espiritualidad.
Según Teilhard el aumento de la complejidad converge en el punto “Omega”, el ascenso hacia el Espíritu se acelera, lo infinitamente complejo se hace presente. El punto “Omega” significa que la evolución concluye, que Dios es fin y consumación del Universo.
El pensamiento de Pierre Teilhard de Chardin es revolucionario. Emerge de su intuición, es la conclusión de una mente despierta, atenta, esforzada que, en un entorno caótico por el choque de disciplinas antagónicas vivenciadas en primera persona, produce la chispa que termina iluminando el escenario de la cognición humana.

Hacia el punto Omega

El sentido de la evolución, el crecimiento de la complejidad: ¿conduce a Dios?



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