lunes, 16 de abril de 2012

Del cerebro biológico a la mente emergente


¿Qué es la mente?
Las respuestas a esta pregunta son numerosas y con enunciados muy diferentes. El pensamiento humano genera creencias sobre la mente que son fundamento de formas de vida disímiles y, en muchas circunstancias, antagónicas.




Mente




Imagen de: http://aespacios.blogspot.com.ar/; gracias.






Por un lado, varios diccionarios coinciden al especificar el concepto:
1.                    conjunto de las facultades intelectuales de una persona. (Manual de la Lengua Española, 2007, Larousse Editorial, S.L.); 
2.                    potencia intelectual del hombre. (Enciclopedia, 2009, Larousse Editorial, S.L.);
3.                    capacidad intelectual humana.(De la lengua española, 2005, Espasa-Calpe;
4.                    potencia intelectual del alma. (Real Academia Española, 22° edición).

Estas definiciones hacen referencia al intelecto, al alma, a inmaterialidades de la realidad y se acercan, de esta manera, a lo que intuye el sentido común. Establecen un contacto con el campo religioso pues su esencia trata sobre ese ingrediente básico del universo: la espiritualidad.
Por otro lado, la ciencia clásica materialista niega la existencia de la mente o, en el mejor de los casos, supone su reducción a fenómenos biológicos y físicos. Las neurociencias, como conjunto de disciplinas científicas, estudian la estructura del sistema nervioso y las funciones de los procesos mentales. Mediante el análisis de la bioquímica, la farmacología, las patologías, la genética, las técnicas de neuroimagen, el registro de la actividad eléctrica, etc., de las redes neuronales y la comprensión del comportamiento, las neurociencias pretenden saber todo sobre la actividad mental.
Las dos posiciones relatadas en forma muy sintética plasman una dicotomía ontológica difícil de resolver. La diferencia axiomática se puede manifestar con simpleza diciendo: para la ciencia clásica la espiritualidad como expresión de sucesos inmateriales no tiene cabida.

Dos campos
Es posible distinguir dos campos: uno, el de los procesos cerebrales; otro, el de los procesos mentales. Desde la neurofisiología y la psicología se generan interpretaciones que suponen distintos roles para cada uno de dichos dominios: la negación de uno; la reducción al otro; la dependencia funcional; o el accionar autónomo.
Nadie cuestiona la existencia del cerebro, estructura física material detectable por los sentidos. En cambio, la mente, reconocida por el producto intelectual autoobservado por el humano es inasible, etérea, intangible, inmaterial o negada. Esta última alternativa, el vacío mental, es quizás la respuesta más simple e ingenua a la pregunta inicial.

Posiciones materialistas
Según la corriente de pensamiento monista, ambos campos se superponen constituyendo uno solo, o, directamente, los procesos mentales no ocurren, la mente no existe y todo es proceso cerebral. En tal caso, este último es reducible a sucesos biofísicos.
La psicología nace a fines del siglo XIX con el objeto de comprender la mente. La ciencia clásica vigente ejerce su influencia y, comenzado el siguiente siglo, la psicología orienta su cometido al estudio de la conducta en sus aspectos internos, como las emociones y los sentimientos, y externos, las relaciones con terceros. Décadas después, esta postura denominada conductista se hace más rígida y materialista, al negar las sensaciones internas y entender que la psicología sólo debe tratar los comportamientos del sujeto con su ambiente. Así, la psicología se somete al pensamiento dominante en esos tiempos y la mente es excluida como tema de su incumbencia al considerar su inexistencia, ya que es imposible observarla o medirla.

Posiciones dualistas
La constatación de procesos mentales ajenos a conductas observables lleva al neurofisiólogo John Eccles, basado en la filosofía de Karl Popper, a elaborar una idea dualista: un cerebro biológico y una mente autónoma no material. Es decir, dos dominios de existencia distintos e independientes, el primero comprende objetos físicos y biológicos y el segundo a las percepciones, emociones y otros estados de conciencia. Las influencias religiosas sobre Eccles hacen que éste confunda a la mente con el alma, sustancia espiritual y divina de los humanos. En tal caso, los animales no homínidos carecerían de mente.
Otra alternativa al monismo conductista es el funcionalismo. Esta posición también dualista sostiene que los procesos mentales son estados funcionales del organismo en su conjunto y no de sólo una parcialidad como lo son los estados cerebrales. Además, ese estado funcional del organismo es independiente de los componentes, es decir, el resultado del proceso mental no depende de los elementos constituyentes del organismo sino de la función que éstos cumplen. Para esta posición de la psicología un estado mental se confunde con uno funcional.
El cuestionamiento más importante al funcionalismo surge de la no correspondencia entre estado funcional y mental, tal es el caso de las propiedades cualitativas de las sensaciones, olores por ejemplo. Una misma función biológica puede tornar agradable o desagradable un determinado olor, dependiendo la diferencia de experiencias anteriores y no de la función en sí.

Emergencia de la mente
El problema cerebro-mente tiene una hipótesis contemporánea ofrecida por el lingüista y filósofo John Searle. Este autor desecha tanto la postura monista como la dualista, sostiene que el error de la primera es negar la existencia de la mente y el de la segunda en pensar que la mente está separada y por encima de lo biológico o material.


John Searle
Searle propone que los procesos mentales son una cosa distinta a los estados biológicos del cerebro, aunque dependan de éstos.  Sostiene también que no se puede hacer una reducción de la actividad mental a un proceso biofísico. Esta aseveración quita validez al pensamiento funcionalista.
Este filósofo estadounidense sustenta que los procesos mentales están causados por la actividad cerebral pero que son independientes de ésta, que son fenómenos autónomos que emergen del sistema nervioso. La idea de emergencia proviene de la filosofía y es utilizada por la teoría de sistemas y significa el surgimiento en el conjunto sistémico de propiedades especiales no reducibles a las propiedades de las partes componentes, es decir, que no se encuentran en los elementos constituyentes.
La emergencia de la actividad mental como algo separado aunque sustentable en la vida cerebral es denominada por Searle naturalismo biológico. Consiste en diferenciar dos clases de procesos con características específicas: 

  1. la red neuronal estudiada por la neurociencia;
  2. la red relacional de percepciones, sensaciones, intencionalidades,   comportamientos, raciocinios, etc., que investiga la psicología.

Reflexiones
Los estados cerebrales y los procesos mentales: ¿se confunden entre sí o son sucesos distintos? ¿interactúan entre ellos?
La mente: ¿existe? ¿Es un fenómeno de la espiritualidad?
¿Conviven lo material con lo espiritual?
¿El espíritu es una emergencia de lo material? o ¿La materia surge del espíritu?
Materia y espíritu: ¿se necesitan uno al otro?
El Universo: ¿es un ensamble de materialidad con espiritualidad?
La red relacional de la mente: ¿se corresponde siempre con un cerebro o pueden darse otras correlaciones?
La humanidad en su red de relaciones sociales: ¿posee una mente cultural?


Saber interrogarse


Hacerse la pregunta correcta es el principio de la solución.

Mario Hails, Abril de 2012