viernes, 9 de agosto de 2013

Conocimiento, ciencia y mística

El conocimiento en los seres humanos se adquiere a través de tres canales: científico, intuitivo y místico. Todos estos medios son válidos y utilizados, en mayor o menor medida, por las distintas sociedades que pueblan la Tierra.
¿Qué es el conocimiento?

El conocimiento intuitivo
La fuente intuitiva es básica, herencia de los ancestros a lo largo de la filogenia y con desarrollo propio en las experiencias de la ontogenia. Es la sapiencia innata que mujeres y hombres manifiestan en diversas oportunidades en el transcurso de su existencia, de forma íntima e instantánea. Es el conocimiento puro sin artilugios perfeccionistas, sin esfuerzo alguno. Es el “consultar con la almohada” antes de tomar una decisión importante.

El conocimiento científico
El conocimiento científico es en esencia racional. Es el conocimiento intuitivo enriquecido mediante el intelecto, con capacidad para distinguir, comparar, medir, dividir, analizar o cualificar. Se caracteriza por seguir una metodología aceptada por la comunidad científica y por validar su vigencia en el ensayo-error o hipótesis-verificación, siempre en el campo experimental. Caracteriza a la forma de pensar predominante en la sociedad occidental.

El conocimiento místico
El conocimiento místico es en esencia meditativo. Es el conocimiento intuitivo beneficiado por técnicas ajenas al raciocinio y surge de un estado especial de conciencia que centra, equilibra y tranquiliza la mente, donde se experimenta la unidad y la interrelación de todas las cosas. Esta situación espiritual y contemplativa de relajación mental y corporal requiere del ejercicio riguroso de prácticas milenarias y conduce a una cima donde la conciencia se hace exclusiva, estado llamado de “iluminación” que trasciende al intelecto y a la percepción sensorial. Caracteriza a la forma de pensar predominante en la sociedad oriental.

Sustrato común
El pensamiento intuitivo es la base o punto de partida común de los elaborados y sofisticados conocimientos científico y místico. Se manifiesta en los investigadores y teóricos facilitando innovaciones cuando les llegan ideas de imprevisto, en situaciones de relax, como le ocurrió a Isaac Newton al relacionar la caída de una manzana con la atracción gravitatoria entre cuerpos. También se facilita con la meditación al conseguir el iniciado un estado mental espontáneo y en armonía con el entorno.
La experiencia es el factor común del conocimiento en todas sus vertientes: La memoria filo y ontogénica del intuitivo, el método experimental acordado en el científico y, por último, la práctica espiritual milenaria del místico. El conocimiento es experiencia, acciones vividas.  Todo hacer es conocer y todo conocer es hacer, en palabras del chileno Humberto Maturana.

Unidad, divergencia y convergencia
En el inicio del movimiento intelectual de la antigua Grecia el conocimiento tiene un desarrollo místico. Lo mismo ocurre en la India y China para la misma época.
Heráclito de Éfeso, 500 años a.C., sostiene que el fundamento de todo está en el incesante cambio. Nadie se baña dos veces en el mismo río expresa el filósofo heleno. La continua movilidad ocurre por la interacción dinámica y cíclica de los opuestos.  El cambio permanente se basa en una estructura de contrarios. La contradicción está en el comienzo de todas las cosas y los opuestos forman una unidad armónica.
Lao Tsé, uno de los filósofos más influyentes en la cultura China, establece que el Universo tiene un funcionamiento fluido donde las diferentes formas van mutando para perpetuar la continuidad de la existencia.
Monumento a Lao Tsé en Quanzhou, China
Sentencia el Maestro Chino: “El agua es fluida, suave, dócil. Pero el agua desgasta a la roca que es rígida e indócil. Como regla, lo que es fluido, suave y dócil vence a lo que es rígido y duro. Lo que es suave es fuerte.” Analiza una dinámica dual en la naturaleza, el yin y el yang, al sostener que todos los opuestos son polares, es decir, están unidos.
El Buda Gautama (Siddharta Gautama), maestro fundador del Budismo, desde la India enseña que el espacio-tiempo que se experimenta mediante los sentidos no es suficiente para explicar la condición humana. Afirma que los fenómenos del mundo no tienen substancialidad propia y, en consecuencia, sus características son contingentes, que todas las cosas dependen de otras, sean éstas físicas, mentales, morales o espirituales y que están interrelacionas en un entretejido interdependiente en un estado de flujo o devenir.

India, China y Grecia, hace 2500 años, comparten un conocimiento místico aunque poco después comienza la divergencia. El pensamiento griego se afianza en el raciocinio y gesta el nacimiento de la ciencia occidental. Su padre principal, Aristóteles, se aparta de la visión oriental y, con el paso de los siglos, crece la brecha existente entre cuerpo y mente, materia y espíritu, ciencia y misticismo.
Así, diverge el conocimiento científico del místico y occidente se aleja de oriente en su concepción del Universo y en la explicación de las cosas que pasan en el mundo. El paradigma newtoniano-cartesiano vigente en los últimos siglos logra notables avances y el éxito induce a una sobrevaloración de posibilidades que acrecienta el fundamentalismo materialista. Es la divergencia máxima entre ciencia y misticismo. 
Con la Teoría de la Relatividad y la Física Cuántica el edificio newtoniano-cartesiano se derrumba. Sobre cimientos de barro la ciencia intenta afianzar nuevos paradigmas y, en el intento, se cruza con el milenario conocimiento místico.
En las últimas décadas se produce un movimiento de acercamiento entre ambas posturas. El físico y teórico de sistemas, nacido en Austria, Fritjof Kapra escribe “El Tao de la Física” para explicar este contacto cognitivo entre racionalidad y espiritualidad.
Fritjof Kapra

Misticismo
La cultura de occidente privilegia el saber científico, sin embargo, las manifestaciones del conocimiento místico son múltiples: en oriente se destacan el Hinduismo, Jainismo, Budismo, Confucionismo y Taoismo; el Sufismo tiene vigencia en pueblos de habla persa, Paquistán y musulmanes indios ; en América, como las comunidades Yaqui de México o las culturas andinas Aymaras y Khechuas.

El conocimiento místico de las religiones monoteístas vinculado a Occidente es afectado por su convivencia con el saber científico.  El desarrollo de la ciencia impulsado desde los tiempos del Imperio Musulmán socava poco a poco los cimientos místicos de esas culturas cognitivas. Este artículo se remite a comparar el conocimiento científico de occidente con el misticismo oriental.

Destacados científicos occidentales especializados en física cuántica encuentran similitudes entre los resultados de sus investigaciones y la esencia de las concepciones místicas de oriente. Entre ellos se distinguen: Julius Robert Oppenheimer, Niels Bohr, Werner Heisenberg, David Bohm, Fritjof Kapra, Francisco Varela y Erwin Schrödinger. El ilustre escritor argentino Jorge Luis Borges encuentra similitudes entre el Budismo y la forma de pensar de nombrados intelectuales occidentales. “El Budismo” Conferencia de J.L.Borges. Ver en: http://www.librosbudistas.com/descargas/BORGESBUDA.htm

Coincidencias
En el último medio siglo surgen varias coincidencias entre conclusiones científicas de occidente y viejas ideas místicas orientales. El acercamiento se produce desde el Atlántico norte hacia sociedades budistas, con cierta desconfianza inicial de los asiáticos. En los últimos años se aprecia cierta predisposición a colaborar por un resultado conjunto superador.
A continuación una breve descripción de las principales semejanzas detectadas.

La física cuántica y la mística oriental
Los físicos cuánticos, los que estudian los componentes del átomo, llegan a conclusiones sorprendentes respecto a la constitución íntima de la materia. Las unidades subatómicas son entes abstractos, dejan de ser materia, y pueden manifestarse como ondas o como partículas. Los componentes básicos no ocupan un lugar determinado ni suceden en tiempos establecidos sino que muestran tendencias a ocurrir, es decir, se diluyen en patrones de probabilidad que se entienden como contingencias de interconexiones.
Todas las “partículas elementales” (que no son partículas) son creadas a partir de energía y se desvanecen también en energía, pueden ser fuerzas o materia aunque unas se deben a las otras. El Universo se presenta así como una telaraña dinámica de inseparables patrones de energía.
Las partículas elementales interaccionan entre sí mediante fuerzas que se manifiestan como un intercambio de partículas. El sustrato del átomo resulta ser paquetes de energía que se interconectan con otros paquetes de energía que no pueden existir los unos sin los otros. Por esta razón la física de lo muy pequeño sostiene que el mundo subatómico no puede descomponerse en partes. El Universo es entendido como algo inseparable, en constante movimiento y profundamente interrelacionado.
Por su parte, el conocimiento místico oriental (Hinduismo, Budismo y Taoísmo) sostiene que las cosas que ocurren en el mundo se manifiestan como una sola unidad puesto que todos los objetos y sucesos mantienen una interrelación mutua que hacen a dicha unidad. El cosmos es un todo inseparable, dinámico, orgánico, material y espiritual al mismo tiempo.
Materia y espíritu
El Universo es indivisible, se manifiesta en todo ente y todo ente participa de él. Para un místico oriental el objetivo supremo es alcanzar la conciencia de la unidad e interrelación de todas las cosas.
La física cuántica y el místico oriental piensan igual respecto a explicar el mundo como un sistema de componentes inseparables, en constante movimiento e interrelacionados. Una armonía inédita entre las antiguas tradiciones orientales y la visión moderna de la ciencia.

La Teoría de la relatividad y la filosofía oriental
La física clásica se basa en un espacio tridimensional y de un tiempo de fluir uniforme, ambos absolutos e independientes de la materia. Estas propiedades del espacio y el tiempo son consideradas como verdaderas e incuestionables de la naturaleza.
Albert Einstein, físico alemán de origen judío nacionalizado suizo y estadounidense, en su Teoría de la Relatividad, determina que toda medición de espacio o tiempo es relativa al observador. En la Tierra todo se simplifica porque pertenecemos a ella, viajamos con ella. En el Cosmos el observador puede desplazarse a altas velocidades respecto a las cosas a medir. En tales circunstancias las distancias y los tiempos adquieren valores distintos para observadores que se desplazan a velocidades diferentes. Además, es comprobable la predicción de la teoría de Einstein que dice que la materia deforma el espacio. Estas consideraciones son posibles con un espacio-tiempo unificado, dependientes uno del otro.
Espacio-tiempo
Una consecuencia destacada de la Teoría de la Relatividad es romper con la creencia que la geometría es inherente a la naturaleza puesto que resulta ser una creación mental, un lenguaje más, destinado a explicar ciertos fenómenos.
La filosofía oriental considera que una característica fundamental del estado mental iluminado es el estado de disolución, donde no se diferencia el cuerpo de la mente, el sujeto del objeto, que no hay espacio sin tiempo ni tiempo sin espacio. Es llegar a la conciencia de la interpenetración del espacio y el tiempo.
El conocimiento místico acepta que el espacio y el tiempo son creaciones de la mente. Como todos los demás conceptos intelectuales son relativos, limitados e ilusorios.
La Teoría de la Relatividad de Einstein y la filosofía oriental coinciden al manifestar que las dimensiones espacio temporales están interpenetradas y son relativas. Esta disolución, en tiempos recientes, de la rígida y absoluta estructura del espacio y del tiempo por parte de la ciencia occidental es concebida cientos de años antes por místicos del Indostán.

El punto Omega y el Brahmán hindú
El paleontólogo, filósofo y jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin presenta en su libro “El fenómeno humano” una teoría interesante sobre la evolución que concilia fundamentos científicos con dogmas místicos. Para el religioso-investigador el origen del Universo, que él llama Punto Alfa y los cosmólogos Big Bang, es el comienzo de un proceso evolutivo que tiene un ritmo: divergencia (expansión y multiplicidad), convergencia (selección y unificación) y emergencia (salto cualitativo). Dinámica que se reitera en todos los planos existenciales: cósmico, biológico, psíquico, social, familiar o personal.
El ritmo evolutivo, al ser repetitivo, gesta en cada pulso niveles cualitativos de complejidad creciente. De esta forma en el espacio-tiempo se teje la “trama del Universo” que, al hacerse pensante, desarrolla la conciencia. Dice el jesuita que el eje principal de la evolución es una ascensión hacia la conciencia.
En el avance de la humanidad es previsible una nueva situación crítica, un salto cualitativo que culmina en una conciencia superior. La convergencia finaliza en un punto llamado Omega, centro de todos los centros, donde se produce la síntesis de lo creado con el creador.

Punto Omega
Omega es confluir en Dios, el Dios del futuro. En Omega la evolución concluye.
En el hinduismo los dioses y diosas que acepta su mitología son numerosos aunque, en sustancia, todos ellos son una misma deidad. Son diversas manifestaciones de una única realidad divina: el infinito, omnipresente, autoexistente e incomprensible Brahmán. Brahmán es en sí mismo todas las realidades del Cosmos, de él obtienen su origen las diversas criaturas. Es Dios, la realidad a partir de la cual todas las demás realidades han crecido.
El hinduismo sostiene que la creación del mundo se concreta mediante el autosacrificio de Dios, sacrificio entendido en el sentido original del término: hacer lo sagrado. Así Dios se transforma en el mundo para que, al final, nuevamente se llegue a Dios. En principio el Universo es sólo Brahmán, luego Brahmán encarna en las realidades del Cosmos y, finalmente, se retorna al Brahmán original.
El sacerdote católico y los monjes hindúes convergen en Omega, confluyen en Brahmán. Todos los caminos llevan a Dios. Desde la curva de la evolución de Teilhard de Chardin o a partir de la meditación profunda, espiritual y contemplativa de monjes “iluminados” el Universo condensa en Dios.

La enacción y la eseidad
El médico, biólogo, neurofisiólogo y filósofo chileno Humberto Maturana plantea en términos científicos la “Biología del Conocimiento”. La factibilidad de conocer de acuerdo a los condicionamientos biológicos.
Los seres humanos existen en el ocurrir de los procesos y, al hacer distinciones en el lenguaje, operan como observadores. El observador, como todo ser vivo, es incapaz de distinguir en la experiencia entre percepción e ilusión. Esta conclusión experimental biótica impide cualquier afirmación acerca de objetos, entidades o relaciones como si existieran en forma independiente al observador.
Hay una separación operacional entre la experiencia y la explicación de la experiencia en el entendimiento de la biología del observar. La realidad no es una experiencia es un argumento en una explicación.
La existencia es constituida por el actuar del observador. Éste genera, “trae a la mano”, los entes que distingue y la realidad surge como una proposición explicativa de las experiencias concretadas. La realidad vivenciada depende del camino explicativo adoptado y la descripción relatada no reemplaza a lo descripto sino que lo produce.
El neurobiólogo y filósofo chileno Francisco Varela, discípulo de Maturana, propone designar con la palabra “enacción” al hecho de “traer a la mano”, generar mundo o constituir existencia. Sustenta que la cognición es la puesta en obra de una realidad a partir de una historia de la variedad de acciones que un ser ejecuta en su vivir.
La idea matriz de la “enacción” es que la capacidad de cognición se hace emerger desde un trasfondo histórico dentro de un contexto presente. La inevitable conclusión es que conocedor y conocido, sujeto y objeto, se determinan uno al otro y surgen en forma simultánea. Lo importante del enfoque enactivo es el énfasis puesto en la codeterminación. En términos filosófico: el conocimiento es ontológico.
La doctrina del budismo Mahayana afirma que la realidad última no puede ser comprendida por medio de ideas. Significa que todos los conceptos sobre el mundo forjados por el intelecto son inconsistentes, están vacíos. Le llaman “maya” a esa quimera de creer que las formas y las estructuras, las cosas y los sucesos, son realidades de la naturaleza en lugar de darse cuenta que sólo son conceptos de la mente humana.
Lo destacado en la mística oriental es la experiencia directa con la realidad que trasciende el razonamiento y la percepción sensorial. La experiencia se consigue mediante métodos denominados de meditación donde la mente se vacía de contenidos y se prepara para funcionar por largos períodos de un modo intuitivo.
Dalai Lama
Silenciada la mente, el modo intuitivo genera una consciencia extraordinaria que experimenta la realidad en forma directa sin el filtro del pensamiento conceptual. El conocimiento adquirido en la meditación es llamado por los budistas “conocimiento absoluto”, es la experiencia directa de la realidad, indiferenciada, individida, indeterminada, llamada “eseidad”.
Los místicos sostienen que la realidad última no puede ser objeto de razonamiento ni de demostración alguna porque está más allá del reino de los sentidos y del intelecto. Reconocida la futilidad de todo pensamiento conceptual se logra con la meditación experimentar la realidad como “eseidad” pura.
La enacción es generación de realidad y la “eseidad” es la pura experimentación de esa realidad. Ambas posiciones afirman que el Universo es incognocible, que es imposible percibir el mundo por medio de los sentidos.

Reflexiones
La dicotomía que plantea la ciencia clásica entre cuerpo y mente, materia y espíritu o ciencia y misticismo: ¿es válida?
Las manifestaciones del conocimiento místico de orientales, chamanes y religiosos en general: ¿son consistentes?
El método científico: ¿es infalible?
¿El mundo es un sistema de componentes inseparables, en constante movimiento e interrelacionados?
Las cuatro dimensiones espacio-tiempo: ¿están interpenetradas y son relativas?
¿El autosacrificio de Dios para hacerse Cosmos converge en el punto Omega, en Brahmán?
La meditación como medio para experimentar la realidad como “eseidad” pura: ¿es un método acertado?
Por los sentidos: ¿no se percibe el mundo?

¿El Universo es incognoscible?


                                                                                              Mario Hails, agosto de 2013.-