sábado, 31 de mayo de 2014

Cerebro, mente y cultura



 El cerebro
El encéfalo es el principal órgano del sistema nervioso central y es el núcleo que controla todo el cuerpo. En el ser humano se encuentra alojado y protegido dentro del espacio craneal. Está formado por el cerebro, cerebelo y bulbo raquídeo o tronco encefálico. Como el de mayor tamaño es el primero, el encéfalo es reconocido, por el común de la gente, con el nombre de cerebro.
Cerebro, mente y cultura
El homo sapiens es el ser vivo que mejor ha desarrollado su sistema nervioso. El ser humano cuenta con el cerebro más inteligente y la naturaleza tuvo que recorrer un largo camino para alcanzar tal perfección.
Los seres unicelulares responden a perturbaciones del ambiente y algunos investigadores sostienen que componentes moleculares específicos posibilitan las acciones-respuestas del organismo. Es el caso del paramecio que dispone de conexiones moleculares que operan como un sistema nervioso elemental.
El ente coordinador: ¿Se inicia con la primera célula? ¿O existen en el mundo abiótico previo atisbos de un control organizativo?
Paramecio
En algunos invertebrados muy primitivos no se distingue un sistema nervioso biológico. Los primeros vestigios surgen en invertebrados sin centralización alguna. La cefalización se inicia hace unos 530 millones de años durante la explosión cámbrica, época en que aparecen numerosos y diversos organismos multicelulares de mayor tamaño y más desarrollados que los antecesores.
Los sistemas nerviosos difusos, que se encuentran en animales invertebrados como las medusas, están constituidos por neuronas receptoras y motoras que conducen impulsos en ambos sentidos. Es difuso porque no hay un centro neurálgico y los estímulos se distribuyen de forma equitativa en todo el organismo.
Gusanos, la cabeza adelante
En los animales más primitivos de cuerpo longilíneo (gusano) la primera concentración nerviosa se ubica en la parte delantera que es donde se produce el mayor contacto con el medio. Con los vertebrados se genera una protección ósea del centro de comando y  comienza a gestarse el cráneo.
Al adoptar los primates una posición erguida, la cabeza pasa de la parte delantera a la superior. En los homínidos la rotación se manifiesta en el foramen magnum o agujero magno que a lo largo de millones de años se traslada de la parte posterior a la base del cráneo. El homo sapiens, el de posición más vertical en su caminar, posee la inserción de la médula espinal por debajo de la cabeza.
Además de la ubicación y de la posición relativa con respecto a la médula espinal, el cerebro sufre significativos perfeccionamientos a lo largo del tiempo. Desde las conexiones moleculares en unicelulares, a las células nerviosas de distribución difusa, hasta llegar a la concentración encefálica primordial transcurren unos 3200 millones de años.

El cerebro reptílico
El primer cerebro, forjado hace unos 500 millones de años, es el llamado básico, instintivo, reptil o paleoencéfalo y se encarga de regular los mecanismos básicos de la vida animal. Es responsable de las conductas instintivas o automáticas como la preservación de la especie y los cambios fisiológicos necesarios para sobrevivir. Tiene conexiones con los aparatos sensoriales de visión, audición, tacto, olfato, gusto, equilibrio, detección térmica y eléctrica, etc. (1) Es un órgano que activa las acciones con las demandas del organismo. En los humanos está alojado en el tronco cerebral.
Reptil, con cerebro instintivo
Se encarga del control del ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la respiración, la digestión y de todas las funciones básicas de los animales que disponen de ese órgano. Es el operador de los sentidos y, con ese rol, un detector de peligros que ayuda a sobrevivir.
El cerebro instintivo reina durante 300 millones de años y alcanza su esplendor con los reptiles. No activa pensamientos ni siente emociones, es pura impulsividad.

El cerebro límbico
El segundo es el llamado límbico o mesoencéfalo, se encuentra parcialmente desarrollado en las aves y en forma total en los mamíferos. Por tal razón es denominado también cerebro mamífero. Se ubica rodeando al reptílico y comienza a integrarse hace unos 230 millones de años.
Olinguito, mamífero americano
Posibilita las relaciones de fidelidad con sus congéneres, genera sentimientos y deseos, es decir, da lugar a las interacciones emocionales. Otorga capacidad al animal para amamantar a su cría y enseñar la convivencia en grupo.
El cerebro límbico controla las emociones, la regulación endocrina correspondiente y sensaciones importantes como el dolor, el temor, el sufrimiento y el placer. Es el órgano que regula los estados afectivos. Es capaz de vincular el pasado con el presente, o sea, de aprender y tener memoria, activa la percepción del entorno por medio de la nariz, la boca y los genitales y trabaja en total armonía con el reptílico.

El cerebro neo-mamífero
El tercero es el cerebro neo-mamífero o telencéfalo, lo poseen los mamíferos superiores y consiste en un desarrollo de la corteza cerebral que lo sitúa envolviendo al límbico. Su máxima potencialidad se alcanza en primates, felinos y cetáceos. Se genera unos 15 millones de años atrás.
Mamíferos
 El telencéfalo permite procesos de mayor entendimiento, es decir, mejor aprendizaje y más memoria, con perfeccionamientos de los sistemas anteriores, en especial el manejo de las emociones. Admite, además, la constitución de grupos jerarquizados mediante la comunicación por señales especializadas.

El cerebro homínido
El cuarto cerebro no es reconocido en forma explícita por la medicina o la neurociencia pues lo incluyen en la categoría de neo-mamífero aunque es diferenciado en detalle en las descripciones que hacen de sus propiedades. Este cerebro es el que caracteriza a los homínidos (2) y puede ser condición de referencia en la determinación de la separación entre éstos y los simios antecesores, en lugar de la bipedestación. (3)
Hace unos cuatro millones de años comienza, en la sabana del sudeste de África, una transformación final de la corteza cerebral relacionada con las partes más destacadas del telencéfalo, en particular la región frontal. El cerebro homínido, bautizado así en este artículo, comienza su desarrollo a partir de primates bípedos llamados autralopitecos o de algún símil, aún no encontrados sus restos. El aumento de su volumen se inicia en los citados mamíferos con 550 cc y llega en el homo sapiens a los 1800 cc a 2000 cc. (4) El incremento de la cavidad craneal es importante aunque son fundamentales las dimensiones que adquieren las circunvoluciones del cerebro.
Homínidos
El cuarto cerebro se vincula con la gestación de la comunicación simbólica o lenguaje, con la aparición del pensamiento y la autoconciencia e incorpora el concepto de futuro y la capacidad de prevención. Mantiene activos, más especializados y controlados a los cerebros reptílico, límbico y neo-mamífero mientras los lóbulos frontales se encargan de las tareas no sensoriales.

Mente y cerebro
¿Qué correspondencia existe entre la mente y los cuatro cerebros citados? ¿Es una sola mente y cuatro cerebros o puede haber cuatro mentes? ¿Mente y cerebro van aparejados o la mente puede responder también a estructuras no cerebrales?
Durante 500 millones de años el encéfalo se transforma hasta alcanzar su máxima expresión en el homo sapiens. Sin embargo, durante los últimos 40 mil años permanece invariante en esta especie. No puede decirse lo mismo de la mente humana pues, en ese mismo período, la capacidad del intelecto de la sociedad crece en forma exponencial. El intelecto es potencia cognoscitiva y, en su transformación arrolladora, va más allá de la capacidad del cerebro.
Los atisbos de mente en las conexiones moleculares detectadas en el paramecio dejan tres expectativas: una, pensar en la posibilidad de una mente abiótica; dos, separar a la mente del cerebro; y tres, que pueden existir varias mentes distintas. Ante estos supuestos la inquietud se traslada a la pregunta: De las varias y diferentes mentes que pueden llegar a explicarse: ¿Es el cerebro estructura física de sólo una de ellas? La respuesta parece ser afirmativa.
Desarrollo del encéfalo humano
Si a cada mente le corresponde una estructura determinada no queda otra alternativa que al cerebro le concierna una, y nada más que una, de las diversas posibles. En tal caso, si la naturaleza construye sobre lo existente, la mente que le atañe al cerebro, ente biológico, debe ser la primera y ésta es la básica, instintiva o reptílica. Nótese que la denominación es sobre las características dinámicas y no sobre la materialidad del centro nervioso.
Las propiedades citadas en las descripciones de los cerebros límbico, neo-mamífero y homínido deben ser atribuidas ahora a particularidades mentales más que a configuraciones materiales del sistema nervioso. Esto significa que el llamado desarrollo del encéfalo es consecuencia de transformaciones mentales.
El desprendimiento del fenómeno mental del tejido nervioso central, en particular, y del campo biológico, en general, es fundamental si se pretende saber qué es esa actividad del intelecto. Este enunciado deriva de definir al fenómeno mental como el proceso regulador de la dinámica general que opera en la unidad de la cual forma parte.
¿Mente sin cerebro?
Se reitera el concepto: según la hipótesis planteada no existe una correspondencia directa entre las mentes y los cuatro cerebros descriptos. En tal caso, las particularidades observables en cada uno de estos últimos son más atribuibles a propiedades mentales que a cerebrales aunque se produzca una modificación encefálica. Si ésto es así, el desarrollo del cerebro responde a necesidades de las nuevas mentes y no a la inversa, como se piensa hasta el presente.

La red de relaciones
Los átomos nacieron con el universo y los primeros son los más livianos: hidrógeno, helio y un poco de litio. Transcurridos más de 2000 millones de años se forman, en el interior de las estrellas, los elementos más pesados a partir de los originales. En las últimas décadas la ciencia ha logrado completar algunos lugares de la Tabla de Mendeleyev creando algunos ya previstos por la teoría.
La cantidad de elementos necesarios para la vida son menos de treinta y los esenciales unos doce. Con esa docena de elementos atómicos se logra constituir una bacteria, un árbol, un pez o un ser humano y, si se le suman los pocos restantes, todo lo conocido.
¿Cómo es posible tal diversidad con tan pocos componentes? Por las diferentes redes de relaciones que se tejen entre dichos componentes.
Red de relaciones
Un conjunto de piezas para la construcción como ladrillos, cal, cemento, varillas de hierro, ventanas, puertas, caños, cables, etc., son necesarios para edificar una casa, pero no son una casa. Para adquirir esa identidad deben darse entre dichos materiales una serie de relaciones de tal forma que constituyan una casa.
Si una vez construida la vivienda un terremoto la derriba, la nueva condición es la de un montón de escombros donde los componentes originales siguen existiendo pese a que el tejido de relaciones armado por los constructores quede destruido. ¿Qué acciones se llevan a cabo en una demolición? Se aniquilan las relaciones que hacen que esa edificación sea una casa.
En el entendimiento del mundo vivenciado las redes de relaciones son esenciales. Tan importantes como los entes con masa.

El proceso
Transportar es llevar a alguien o algo de un lugar a otro (DRAE). El hecho se realiza mediante la utilización de un medio que puede ser un camión, tren, avión, trineo, barco, caballo, bicicleta, ascensor, segway, etc. El medio de transporte, al trasladarse, modifica las relaciones de distancia entre el punto de partida y el de llegada operando sobre el entorno. La esencia del transporte no es la estructura material empleada para concretar tal acción, ni cuanto varían las coordenadas que fijan la ubicación sino el suceso de llevar algo de un lugar a otro, es decir, el proceso que acontece.
Original transporte
Proceso que requiere de la materialidad del vehículo y de la inmaterialidad de las variaciones de las relaciones vigentes. Una cosa son los entes con masa, otra el tejido relacional vinculante y, por último, el proceso, que consiste en la dinámica resultante de las cosas que le ocurren a los componentes y a las interacciones.

La mente como proceso
La mente es dinámica. La actividad mental requiere de componentes materiales y de una red relacional. Ej.: el cerebro y los impulsos eléctricos y químicos entre neuronas.
La mente es un proceso que involucra a entes con masa y a una red relacional y su esencia consiste en el suceso que ocurre y el resultado que ofrece. Ej.: Dos personas debaten sobre la solución de un problema determinado y en el intercambio de opiniones encuentran una propuesta aceptable. La dinámica verbal entre ambos interlocutores genera un proceso que amplía las posibilidades individuales. Este suceso puede ser interpretado como forjador de una mente común que amplía las capacidades intelectuales de cada uno de los participantes. Es el caso, con muchos aportantes, del juego grupal “Torbellino de ideas”.
El concepto de mente como proceso permite reelaborar la descripción de la evolución del cerebro. En el escenario aparece, bajo este supuesto, la posibilidad de otras mentes además de la estricta encefálica: para este caso, de mente biológica, la dinámica corresponde a la del cerebro instintivo o reptílico.
René Descartes

La emergencia
René Descartes presenta, en 1641, la primera exposición sistemática del problema mente-cuerpo. Plantea la diferencia entre la extensión corporal y el pensar inextenso. Su concepción dualista de la naturaleza no es convincente pues la neurociencia, que luce floreciente en los medios científicos actuales, niega esta idea. La perspectiva monista funda su razonamiento en el funcionamiento físico-químico del cerebro pues su axioma afirma que sólo hay una sustancia: la materia.
La “neurociencia cognitiva” pretende superar las diferencias entre monista y dualistas al buscar la armonía entre los conocimientos aportados por la psicología y la neurociencia. Los científicos encolumnados en esta disciplina explican a la mente como una propiedad emergente del cerebro.
El filósofo estadounidense John Searle sostiene que el fenómeno mental no es reducible al cerebral, basado en el principio sistémico que dice que “el todo es más que la suma de las partes”.Su connacional, el psicobiólogo Michael Gazzaniga asevera que existen diversos niveles de organización y que cada uno de éstos niveles emerge de los anteriores, es decir, no es reducible como fenómeno al de sus componentes. Son sucesos distintos.
Michael Gazzaniga
Gazzaniga ofrece un ejemplo práctico: No se puede analizar el tránsito de automóviles estudiando que pasa con el árbol de levas o la pastilla de freno. El conjunto de coches y conductores, coordenadas de localización, tiempo, condiciones atmosféricas y de población, etc., son variables que surgen regidas por nuevas leyes que no pueden predecirse a partir de los componentes del vehículo. Esto significa que, de la dinámica del conjunto de coches, emerge un nuevo dominio de existencia: el del tránsito de automóviles.

La mente social
En la sociedad se revela una conexión entre mente y cultura. Con el nacimiento de las civilizaciones: mesopotámica, egipcia, indostánica, china y mesoamericana, hace más de 4000 años, nuevos patrones de comportamiento caracterizan al fenómeno humano y esta operatividad se mantiene en el tiempo, incluso, hasta la sociedad global del presente.
La dinámica social que resulta en esas conductas son el resultados de las interacciones que se manifiestan entre instituciones específicas: militares, religiosas, comerciales, administrativas, artesanales, agrícola-ganaderas, de esclavitud, etc. Tal dinámica puede ser entendida como el proceso ordenado por una mente social o cultural.
Interrogantes del presente
Si la cultura es el conjunto de habilidades colectivas, sabidurías, creencias y costumbres de un pueblo, ese manejo específico del comportamiento común puede ser atribuido a una mente social. En tal sentido, el psicólogo español Josep Seguí, encolumnado en la filosofía socioconstruccionista, pregona que el desarrollo individual humano no es dependiente de la biología sino de la tecnología cultural/social.
Josep Seguí

La herramienta
La hipótesis planteada de mente como proceso deja de lado las posturas monista, dualistas y emergentistas pues desprende la esencia, el ser mente, de la estructura del cerebro. Tal separación supone que el encéfalo, como órgano biológico, se corresponde con un proceso instintivo o reptílico y que éste es sólo un caso particular de las posibles varias mentes. Esta hipótesis, como tal, es sólo eso, pues falta aún el espinoso camino de la “validación científica”.
La idea expuesta pretende despertar inquietudes para que el lector se motive y ponga en acción su estado mental de estar “pensando en pensar”. Para su orientación, un camino a seguir para resolver la cuestión de la “validación científica” es utilizar como herramienta racional, como lenguaje, a la “Teoría de Sistemas”.


Reflexiones
·         ¿Poseen los seres unicelulares conexiones moleculares que operan como un sistema mental simple?
·         Los humanos: ¿Tienen un cerebro reptílico encapsulado en otro límbico y todo esto contenido en uno neo-mamífero?
·         ¿Es posible concebir en los humanos un cuarto cerebro? ¿Son tres o cuatro?
·         ¿Qué correspondencia existe entre la mente y el cerebro? ¿Es unívoca? ¿Son cosas distintas?
·         ¿Se puede pensar que el cerebro es uno y que las mentes son varias? La mente: ¿Es un proceso?
·         Varias mentes: ¿varios procesos? ¿Uno de esos procesos se corresponde con el del cerebro? ¿Y los otros procesos cuáles son?
·         La sociedad, su cultura: ¿Se corresponden con una mente autónoma?
·         Monistas, dualistas, emergentistas y afines: ¿Por qué nadie es convincente? ¿Hay otro paradigma?
·         ¿Una mente abiótica, una biológica,... una cultural? ¿Otras?
·         Al decir de Gregory Bateson: ¿Cuál es la pauta que conecta?

(1)   Las serpientes poseen órganos detectores de radiación infrarroja o de temperatura; los tiburones de campos eléctricos que generan sus presas; y el “etc.” hace referencia a las llamadas percepciones extrasensoriales.
(2)   En la clasificación de los homínidos se aplican dos criterios: uno, hominidae, que incluye a los grandes simios y al hombre; y, otro, hominina, que agrupa a los simios bípedos. La tercera, categoría propuesta en este artículo, se basa en la adquisición de ciertas propiedades dinámicas de la mente que se corresponden con un mayor tamaño del cerebro en relación a su masa corporal.
(3)   La bipedestación la logran algunas especies de dinosaurios, las aves, chimpancés, gorilas y bonobos. En la actualidad, los chimpancés pigmeos o bonobos, viven en el centro de África en peligro de extinción, son los más bípedos de los monos citados. En cambio, un cerebro con las características que tiene el desarrollado a partir de los australopitecos no lo poseen los animales nombrados anteriormente. En consecuencia, es conveniente clasificar como homínido a aquellos seres que están dotados de éste encéfalo.
(4)   Los homo Neandertales y los de Cromagnon tienen un volumen cerebral un 10 % superior al del hombre actual. Esta disminución predica que el desarrollo intelectual, en el último tramo de la evolución humana, puede no depender del volumen de la cavidad craneal.

Mente Cultural


                                                                                       Mario Hails, mayo de 2014