sábado, 26 de septiembre de 2015

El desafío de la ciencia


Newton y la ciencia clásica
En la madurez cultural de la Edad Moderna Europea, en las décadas que rondan al 1700, se echan los cimientos de la ciencia clásica occidental. Entre varios intelectuales de ese período resaltan los trabajos del filósofo, político, abogado y escritor inglés Francis Bacon, del filósofo, lógico, matemático, jurista y político alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, del físico, filósofo, teólogo y matemático inglés Isaac Newton y del físico, astrónomo y matemático francés Pierre-Simon Laplace, como referentes fundacionales de la ciencia en el viejo continente.
La ciencia
El pensamiento de la época postula que la realidad física está determinada, que la aplicación de un conjunto de leyes permite conocer los sucesos pasados y predecir los futuros, si se dispone de los datos completos del estado del universo en un instante dado, y además, presupone un tiempo infinito y simétrico. La sociedad ilustrada de aquel período cree estar bien encaminada en sus esfuerzos por alcanzar el saber absoluto.
Transcurridos dos siglos la memoria social recuerda a Issac Newton como el padre de una ciencia absolutamente objetiva, preparada para lograr mediante su perfeccionamiento el conocimiento total de un mundo determinado, con capacidad para sintetizar los fenómenos de la naturaleza en unas cuantas leyes físicas. La mayoría de los científicos, hasta hace unas pocas décadas, están convencidos que sus principios son firmes y que dicho conocimiento total, por ese camino, es un logro cercano.
Issac Newton

Darwin y la evolución
La ciencia clásica, antes de llegar a su apogeo, en los últimos años del siglo XIX, recibe críticas de algunas voces que comienzan a señalar inconsistencias, como aquellas que surgen de las investigaciones en torno a la teoría de la evolución del geólogo y naturalista inglés Charles Darwin.
Charles Darwin
Los seres vivos y la evolución plantean transformaciones en el curso del tiempo que implican una historicidad biológica incompatible con un universo estático y determinista. Esta teoria es una cuña conceptual que abre una grieta de inconsistencia teórica y hiere centros vitales del pensamiento dogmático de la ciencia newtoniana.

Einstein y la relatividad
¡Siglo veinte, cambalache, problemático y febril!... dice un famoso tango argentino. Siglo donde reina la ciencia con todos sus avances tecnológicos y,  en simultáneo, se arranca de raíz, poco a poco, su propio tronco, el que sustenta todas las ramas del saber científico.
Albert Einstein
El físico alemán Albert Einstein, en las primeras décadas del 1900, propone como concepto fundamental que el espacio y el tiempo que se vivencia no son fijos ni inmutables sino que dependen del observador. La teoría de la relatividad de Einstein establece que el espacio y el tiempo están inextricablemente unidos y modifica las ideas newtonianas básicas sobre qué es el tiempo, el espacio y la masa. El físico alemán no derrumba las ecuaciones gravitacionales de Newton aunque sí las relativiza.

Hubble y la expansión del universo
Pocos años después el astrónomo estadounidense Erwin Hubble anuncia el corrimiento al rojo en las frecuencias de las radiaciones recibidas de galaxias lejanas debido a que éstas se separan entre si, en general, y de la Vía Láctea, en particular.
Erwin Hubble
Tal hecho indica que el universo es dinámico, con la consecuencia, confirmada pocas décadas después, que también tiene un inicio, el Big Bang, y una historia hasta el presente. El universo se expande en forma acelerada a partir de un punto inicial que señala una discontinuidad.

Heisenberg y la incertidumbre
En forma paralela la física cuántica se interna en los dominios atómicos, en los ámbitos de lo muy pequeño, y concluye que allí no rigen las leyes de la física clásica. El físico alemán Werner Karl Heisenberg enuncia el “principio de incertidumbre” de la mecánica cuántica, que lleva su nombre, el cual establece que es imposible conocer en forma simultánea la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de una partícula dada.
Werner Heisenberg
Cuanta más certeza en los valores de una magnitud menos se sabe de la otra. El principio de incertidumbre de Heisenberg habla de un mundo imposible de conocer en forma absoluta porque indica la presencia en la naturaleza de límites infranqueables para el saber.

Prigogine y las estructuras disipativas
Ilya Prigogine nace en Moscú con la revolución bolchevique de 1917. Su familia huye de Rusia y se establece en Bélgica donde se gradúa de químico. En 1977 recibe el Nobel de Química por sus investigaciones sobre las “estructuras disipativas”. Prigogine estudia los sistemas alejados del equilibrio y establece que éstos disponen de estructuras disipativas coherentes. Para este químico los procesos irreversibles en estado de desequilibrio son fuente de orden, creadores de organización y se desarrollan con un flujo creciente de disipación de energía. Afirma que el tiempo tiene una dirección y un sentido, lo representa con la figura de “la flecha del tiempo” y rompe con la simetría temporal clásica.
Ilya Prigogine
Propone que la ciencia se aboque al estudio de la complejidad, a las situaciones de caos, al orden que se establece cuando se incrementa la disipación de energía. La complejidad entendida, no como algo dificultoso o enmarañado, sino como suceso que ocurre asidua y naturalmente con resultados imprevisibles para el observador. Confirma a la complejidad como un mecanismo aplicado en la construcción del universo conocido y un tiempo con principio y fin, que deja de ser infinito y simétrico.

Gödel y las verdades/falsedades indemostrables
El matemático y filósofo Kurt Gödel (1906-1978), de padres alemanes, nacido en el territorio actual de la República Checa, de nacionalidad austríaca, pone límites al conocimiento racional al establecer la incapacidad de la física, las matemáticas, la filosofía y las ciencias en general, para demostrar la verdad/falsedad de todas sus aseveraciones. Gödel condena a la ciencia exacta por excelencia, las matemáticas, a desechar sus anhelos de certeza en la solución de todo problema planteado con la lógica correcta pues siempre existen afirmaciones bien definidas que no pueden ser aceptadas como ciertas ni rechazadas como falsas.
Albert Einstein y Kurt Gödel en EEUU
Expresiones claras al entendimiento del Teorema de Gödel son las siguientes: “existen aseveraciones cuya verdad/falsedad no vamos a poder demostrar”; “si un sistema es consistente, entonces es incompleto, y si el sistema es completo, entonces es inconsistente”; “toda formulación axiomática y consistente incluye proposiciones indecidibles”.


Un artículo muy interesante y accesible publica el Dr. Alfredo Alejandro Careaga de la Universidad Nacional Autónoma de México. (http://exordio.qfb.umich.mx/archivos%20pdf%20de%20trabajo%20umsnh/aphilosofia/2007/teorema_godel.pdf)

Maturana y la objetividad entre paréntesis
Casi al finalizar el siglo XX, el médico, biólogo y neurofisiólogo chileno Humberto Maturana expone su biología del conocimiento, basada en la objetividad entre paréntesis (objetividad). La (objetividad) se fundamenta en la imposibilidad del observador de hacer referencia a nada externo para convalidar sus explicaciones. Maturana llega a la conclusión, en sus investigaciones neurofisiológicas de la visión de colores en vertebrados, que no es posible encontrar correlaciones entre la actividad del sistema nervioso y los objetos externos a él. Los colores son el fruto de experiencias en la filo y la ontogénesis del observador y no una cualidad intrínseca de las cosas distinguidas. La vivencia de los colores es un resultado mental independiente de las longitudes de onda de la luz proveniente de los cuerpos que se aprecian. Tal es así, que el ser humano es incapaz de distinguir entre percepción e ilusión porque una experiencia posterior puede invalidar una anterior. La validez o no de una vivencia es siempre una opinión del observador y nunca una referencia objetiva de un hecho externo a él. El observador explica su propia experiencia con otra u otras vivencias anteriores y no una realidad ajena a su persona. La explicación no reemplaza aquello que explica. Las cosas no son como son sino que son como eres.
Humberto Maturana
Se piensa, se comprende, se razona, gracias al relato y cada observador tiene el suyo. La ciencia establece la aplicación de un método en la confección del relato y el concepto de (objetividad) exige un esfuerzo significativo intelectual para volver a estructurar el conocimiento humano, no ya sobre cimientos sólidos como lo hizo la ciencia clásica sino sobre una plataforma endeble que flota sobre un mar bravío.

El desafío de la ciencia
La ciencia del presente tiene que erigirse sobre nuevos dogmas. Éstos deben contemplar la vigencia de masas y espacios relativos; de flechas del tiempo irreversibles y afectadas por el entorno; de un cosmos con una historia única; de un mundo de complejidades naturales y necesarias; de verdades/falsedades indemostrables; de observaciones indeterminadas; de observadores (objetivos)... La tarea es titánica y, sin duda alguna, posible.
La ciencia con sus métodos acordados es la herramienta adecuada para continuar con el avance del conocimiento. Su mayor virtud es, quizás, su capacidad para destejer los puntos equivocados y rehacer con optimismo la labor emprendida. La ciencia como el conocimiento es producto de su propia praxis, en consecuencia, queda planteado su desafío en la tarea de rehacerse a sí misma.


Reflexiones

  • La ciencia ¿Tiene toda la verdad entre sus manos?
  • ¿Hay una historicidad cósmica? ¿Una historicidad biológica? ¿Una cultural? ¿Son tres o es una sola historia?
  • El espacio, el tiempo y la masa ¿Son relativos a la valoración del observador?
  • ¿Es imposible conocer en forma simultánea la posición y el momento lineal de una partícula cuántica?
  • En estructuras disipativas muy alejadas del equilibrio ¿La complejidad hace imprevisible el conocimiento del sistema observado en un futuro inmediato?
  • ¿El tiempo es irreversible?
  • ¿Siempre existen verdades/falsedades indemostrables?
  • ¿El observador distingue objetivamente un mundo externo a él? Esa objetividad ¿Es afectada por sus sentidos, su lenguaje o su cultura?
  • ¿Es posible distinguir entre percepción e ilusión? ¿Es factible ser objetivo?
  • ¿Las cosas son como son o son como eres?

Mafalda por Quino


                                                                            Mario Hails, septiembre de 2015

jueves, 21 de mayo de 2015

Física cuántica, mente, campo espiritual y mística


Fermiones y bosones
Los teóricos de física cuántica buscan los ladrillos fundamentales del Universo, los constituyentes primordiales del átomo. Le denominan partículas elementales y son muchísimo más pequeñas que los componentes del núcleo atómico (neutrones y protones). Además, los científicos aseguran que no son partículas. Pese a esta conclusión se les sigue llamando con ese nombre.
La llama mística
La física cuántica identifica partículas elementales al intentar llegar al sustrato del universo y, entre otras clasificaciones, habla de fermiones y bosones. Esta categorización tiene en cuenta el “Principio de exclusión de Pauli”. Este principio sostiene, en física cuántica, que no puede haber más de una partícula ocupando un mismo estado cuántico en forma simultánea. Aquellas partículas que cumplen con el Principio de exclusión de Pauli son designadas con el término “fermiones” y las que no lo cumplen son denominadas “bosones”.
Los fermiones se vinculan con la materia y los bosones con las cuatro fuerzas fundamentales: nuclear fuerte, nuclear débil, gravitacional y electromagnética. Los fermiones son afectados por fuerzas (bosones) y los bosones son partículas mediadoras intercambiadas entre fermiones. En definitiva, los fermiones y los bosones  dependen los unos de los otros por estar mutuamente implicados.
Los protones y neutrones del núcleo atómico y los electrones, constituyentes del átomo, están formados por fermiones elementales. Por ser fermiones cumplen con el “Principio de exclusión de Pauli” y no pueden compartir un mismo estado cuántico al mismo tiempo. De allí surge la impenetrabilidad de la materia ordinaria. Esta circunstancia hace que los neutrones, protones, electrones y la unidad átomo sean sustancias extensas, es decir, cubren espacios que no pueden ser ocupados por otros entes materiales en forma simultánea.
El sustrato inasible del universo
Los bosones no cumplen con el Principio de exclusión de Pauli, por tal razón estas partículas elementales pueden ocupar un mismo estado cuántico en forma simultánea. Esto conduce a que los campos de fuerzas son penetrables, resultan ser sustancias inextensas, no ocupan lugar y pueden superponerse en un mismo tiempo y espacio.
Lo destacado de este relato es que los fermiones y los bosones están mutuamente implicados; ambos tienen un sustrato común; los fermiones son materia impenetrable y los bosones forman campos penetrables; y, lo que es más importante, los bosones son tan necesarios, detectables e equiparables como los fermiones.
El último renglón abona la idea que el universo esta constituido por fermiones y bosones, por materia y campos de fuerza, por energía almacenada y energía que fluye; todos en igualdad de condiciones, sin privilegios, en comunión.

El cosmos
La nucleosíntesis primordial o formación de los núcleos atómicos originales concluye antes de cumplirse los 17 minutos después del Big Bang. Las fuerzas nucleares fuerte y débil, como su nombre lo indica, quedan confinadas al interior de los núcleos atómicos. De allí en adelante la constitución de los átomos y las moléculas queda en manos de las fuerzas electromagnéticas y las estructuras cósmicas resultan ser dependientes de las fuerzas gravitatorias, con una sola excepción, las reacciones nucleares que suceden en el interior de las estrellas responsables de la producción de los núcleos más pesados que el hidrógeno y el helio.
En la nucleosíntesis primordial se integran los núcleos atómicos que definen la cantidad y la cualidad de la materia en el universo. La proporción en masa es la siguiente: tres cuartas partes hidrógeno y una cuarta parte de helio, salvo un pequeño resto de otros núcleos.
La majestuosidad del cosmos
La estructura del átomo se consolida en un largo período que centra en los 370.000 años después del Big Bang.  En su desarrollo el cosmos gesta estructuras por acreción de materia debido a las interacciones gravitatorias. De tal forma se crean las estrellas y sus planetas quienes constituyen a su vez las galaxias, éstas los cúmulos, los supercúmulos y otras configuraciones aún más gigantescas.
Recientemente el astrónomo canadiense Richard Brent Tully y su equipo del Instituto de Astronomía de Honolulu (Hawái, EEUU) definen los límites del supercúmulo al cual pertenece la Vía Láctea y por consiguiente el Sistema Solar con su planeta Tierra. Estos investigadores bautizan a este lugar del cosmos con el nombre de “Laniakea”. En el idioma originario hawaiano Laniakea significa “cielo inmenso”
A partir del átomo las estructuras del cosmos son armadas por las fuerzas gravitacionales. Los núcleos más pesados que el hidrógeno y el helio son sintetizados en el interior de las estrellas, en base a los núcleos originarios, en un período de 8000 de millones de años. Estos núcleos pesados constituyen entre un 1 y un 2 por ciento del total de la materia del universo.

Las macromoléculas, la vida y la cultura
El sistema básico que conforma la materia es el átomo. En dicha unidad intervienen componentes con masa como electrones, protones y neutrones (fermiones) e interacciones como las fuerzas nuclear fuerte (bosones) que integran el núcleo y fuerzas electromagnéticas (bosones) que vinculan a los electrones entre sí y con el núcleo.
Por fuera del núcleo atómico solamente intervienen las fuerzas electromagnéticas mediadas por las partículas elementales llamadas “fotones” y las fuerzas gravitacionales que interaccionan por intermedio del “gravitón”. Ambas son bosones aunque este último, el gravitón, no logra verificación experimental.
El fotón tiene una energía proporcional a la frecuencia de su onda vibratoria. A mayor frecuencia transporta más energía. Los campos electromagnéticos son en esencia campos energéticos.
Formados los átomos y las moléculas, las estructuras cósmicas se integran por el común operar entre la materia y las fuerzas gravitacionales. En cambio, son producto de la materia y las fuerzas electromagnéticas las macromoléculas abióticas, la consecuente aparición de la vida y el resultante surgir cultural en las sociedades humanas.
La interacción electromagnética afecta a las partículas que poseen carga eléctrica y es la fuerza que mantiene unidos a los átomos y a las moléculas. Esta fuerza está implicada en todas las transformaciones físicas y químicas de las moléculas, tiene dos sentidos (positivo y negativo) y es de alcance infinito aunque su efectividad disminuye con el cuadrado de la distancia.
La composición de las estrellas es de hidrógeno y helio, por el contrario, el Planeta Tierra es un reducto de componentes pesados: silicio, aluminio, magnesio, hierro, niquel, plomo, carbono, etc. De los 92 elementos no artificiales de la Tabla periódica de Mendeléyev, la célula necesita, en todas sus versiones, menos de 20 de ellos para desarrollar su vida. En los seres humanos tan solo 6 elementos: oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, calcio y fósforo constituyen el 99 por ciento del cuerpo. De estos valores se desprende que con materia muy poco diferenciada más muchísimos entretejidos electromagnéticos es factible la existencia de la biósfera terrestre en general y de la sociedad globalizada del presente en particular.
El genio ruso Dmitri Mendeleyev.
Los mismos átomos que integran la Tierra abiótica desde hace 4500 millones de años son los que producen los seres vivientes en toda su diversidad y, también, son los que posibilitan los hechos culturales que caracterizan al fenómeno humano. La materia es siempre la misma, es polvo de estrellas, las diferencian se consiguen con la gestión de los fotones, de esos bosones inextensos, inmateriales y penetrables que son responsables de la forma, el diseño, la figura, la imagen, el perfil, la esencia, la estampa, el arte, el espíritu de las cosas.
Las macromoléculas, la vida y la cultura son materia y electromagnetismo. Los átomos son los ladrillos y los campos electromagnéticos son los que hacen que el producto sea una habitación, una casa, un edificio de departamentos, una mansión o… un montón de escombros. Los campos electromagnéticos tejen con átomos y de su telar salen las piezas, sean éstas piedras, proteínas, bacterias, peces, simios o lectores internautas. Los campos electromagnéticos hacen que un ente sea lo que es y no otra cosa.

La mente
El mundo sensible es interpretado mediante mecanismos fisiológicos de recepción de ondas electromagnéticas. Los cinco sentidos tradicionales son: visión, audición, gusto, olfato y tacto, aunque es posible contabilizar varios más. Algunos autores citan: la termocepción o percepción del calor; la propiocepción o captación de la situación de las distintas partes del cuerpo; la equilibriocepción o sentido del equilibrio; la nocicepción o manifestación del dolor; la telepatía o comunicación entre mentes; y la precognición o detección de hechos distanciados en el espacio o el tiempo, entre otros.
Más allá de la validez o no de los rubros citados, el aspecto a destacar es que en todos los casos la perturbación que afecta al observador es siempre, en la instancia definitiva, una onda de energía electromagnética. La mente de la persona interacciona con su ambiente mediante la recepción y la emisión de ondas electromagnéticas.
Los constituyentes de la biósfera son los átomos y las fuerzas electromagnéticas. En cierta medida también participa la gravedad aunque ésta no incide en las cuestiones tratadas en este artículo. La mente, como parte de la biósfera también está conformada y opera con esos ingredientes básicos.
Los componentes de la mente humana son dos:
1)      El cerebro, como la parte material, una estructura de átomos; y,
2)      Ondas electromagnéticas, como la parte inmaterial, una red de interrelaciones.
La mente es un proceso
Lo interesante es que la mente no es ni el cerebro ni la red de interrelaciones sino que es el proceso que se genera en el operar de estos dos componentes. De allí la dinámica mental, imposible de parar o acallar.
El organismo humano está conformado por varios subsistemas, entre ellos: digestivo, muscular, respiratorio, inmunológico, reproductor, circulatorio…, y mental. Para el caso, por ejemplo, del sistema digestivo, sus componentes son: la boca, faringe, esófago, estómago, intestino delgado e intestino grueso. Las operaciones que realiza consisten en trituración y transporte de los alimentos, secreción de jugos digestivos, absorción de los nutrientes y excreción de los residuos. Ahora, en esencia, el sistema digestivo es el proceso encargado de preparar los alimentos de las células del cuerpo. Ese proceso no son sólo los componentes citados sino también la red de interconexiones electromagnéticas que posibilitan la dinámica alimenticia. Ambos, átomos y fuerzas, en comunión, hacen al proceso, al subsistema digestivo del sistema organismo.
El subsistema mental es un proceso cuya materialidad es el cerebro y su inmaterialidad las redes electromagnéticas que recorren todo el cuerpo y se concentran en el interior del cráneo. Las dos cosas, en comunión, hacen al proceso mental.
El tejido nervioso cubre todo el organismo y se centraliza en el interior del cráneo y, por ser materia, es extenso, ocupa espacios en los que queda confinado. Las redes electromagnéticas de la mente, en contraste,  son mediadas por bosones y éstos son inextensos y penetrables, es decir, inmateriales. Por esta razón los campos electromagnéticos mentales no quedan contenidos al interior del cuerpo y fluyen al exterior aunque pierdan efectividad en proporción al cuadrado de las distancias.

La mística
La mística es una práctica en esencia meditativa, alejada del conocimiento racional, que busca experimentar la unidad y la interrelación de todas las cosas. Los métodos aplicados son variados aunque todos tienen en común una intención contemplativa y una relajación mental y corporal. Ambas condiciones pretenden adentrarse en el área espiritual, el terreno de las inmaterialidades, de los acoplamientos de campos electromagnéticos.
La mística es una corriente teológica y filosófica que aspira a conocer más allá del mundo sensible. Sin embargo, se puede pensar que la mística es también una forma más de ejercitar aquellos sentidos citados  anteriormente. Para darle un nombre a esta milenaria práctica de la mística, para asir el concepto según la orientación expuesta y para poder referirse a ella como un sentido más, se formula la propuesta de llamarla “misticepción”.
La meditación habilita la misticepción
Desde una mente acondicionada para operar en un estado de conciencia especial es posible orientar el proceso mental de forma que anule las perturbaciones que afectan a los sentidos. Si es aceptable la idea de la “misticepción” corresponde expresar, en este caso, que el proceso mental en ese estado de conciencia extraordinario concentra su atención sobre un único sentido, el de la “misticepción” y neutraliza a todos los demás.
Una mente enfocada en la “misticepción” capta perturbaciones del ambiente imperceptibles bajo otras circunstancias. Es un camino que ofrece una conexión espiritual directa con el entorno. Sin embargo, es necesario esclarecer que todo lo que perturba al ser vivo no es instructivo, tan solo “gatilla” o incita a los órganos receptores del organismo. Es la mente de este ser la que, de acuerdo a su estructura forjada a lo largo de su filo y ontogénesis, puede generar aprendizaje, es decir, modificar su estructura de acuerdo a sus nuevas experiencias.
Silenciada la mente, el sentido de la “misticepción” genera un estado de conciencia especial que experimenta en directo las perturbaciones del entorno sin el filtro del pensamiento conceptual. Es como un entrelazar del proceso mental con campos electromagnéticos externos, sin receptores ni efectores intermediarios, lejos del raciocinio, que genera aprendizaje en la estructura del auto-observador involucrado.

Las cosas que suceden en la biósfera terrestre son materia entretejida con campos electromagnéticos. La mente humana es un proceso generado por materia y campos energéticos. Esos campos electromagnéticos que componen los procesos que hacen al ser vivo son reconocidos por un observador en base a su experiencia en la filo y ontogénesis como una vivencia espiritual. El espíritu es el campo energético que involucra a una cosa determinada que, con mística, la mente humana revela.

Conclusión

Los físicos cuánticos en la búsqueda del sustrato del universo llegan hasta lo más diminuto que la ciencia del presente admite: fermiones y bosones. Esta diferenciación primaria de la energía clasifica a la sustancia básica en dos rubros que pueden también reconocerse como materia y campos de fuerzas.  Ambos, en igualdad de condiciones, sin privilegios, en comunión: Uno, extenso, impenetrable, otro, inextenso, penetrable.
Los seres humanos tienen desarrolladas facultades especiales que los diferencian de los otros animales, como el pensamiento, la autoconciencia, el lenguaje, el raciocinio y el conocimiento místico. Este último cultiva el campo espiritual, redes inmateriales que gobiernan la materia, y, al hacerlo, enriquecen la praxis del vivir.
Campo energético
La espiritualidad es la red electromagnética que le otorga a cada ente su propia identidad, aquello que hace que el ser sea lo que es y no otra cosa. La inmaterialidad de la espiritualidad condice con los campos de fotones y éstos, junto a los átomos, generan los procesos que constituyen cada unidad distinguida por la mente del observador.
El sentido de misticepción conecta en forma directa el campo mental propio del ser humano con perturbaciones de campos energéticos externos, sin receptores ni efectores intermediarios, alejado del pensamiento racional. Es un mano a mano entre espiritualidades.




Reflexiones
  • ¿Existen los fermiones y bosones en igualdad de condiciones, sin privilegios y en comunión?
  • ¿Las estructuras del cosmos se gestan por acreción de materia debida a interacciones gravitatorias?
  • ¿Las macromoléculas, la vida y la cultura son tan solo materia y campos electromagnéticos? ¿Por qué con átomos poco diferenciados se logran tan variados resultados?
  • ¿Interacciona la mente con su ambiente mediante la recepción y la emisión de ondas electromagnéticas? ¿Hay alguna otra forma de interrelación?
  • ¿Es la mente un subsistema del sistema principal? ¿Es la mente un proceso que requiere de la operatoria mancomunada de una parte material y de otra inmaterial o fotónica?
  • ¿El conocimiento místico aspira a conocer más allá del mundo sensible? ¿El bloqueo mental de los sentidos tradicionales pone en acción el sentido místico o de misticepción?
  •  La espiritualidad: ¿Es un campo energético? ¿Este campo energético es un campo de fuerzas, de fotones, electromagnético?
  • La experiencia mística: ¿Es un mano a mano entre espiritualidades?

Mafalda por Quino



  •                                                                          Mario Hails. Mayo de 2015