jueves, 21 de mayo de 2015

Física cuántica, mente, campo espiritual y mística


Fermiones y bosones
Los teóricos de física cuántica buscan los ladrillos fundamentales del Universo, los constituyentes primordiales del átomo. Le denominan partículas elementales y son muchísimo más pequeñas que los componentes del núcleo atómico (neutrones y protones). Además, los científicos aseguran que no son partículas. Pese a esta conclusión se les sigue llamando con ese nombre.
La llama mística
La física cuántica identifica partículas elementales al intentar llegar al sustrato del universo y, entre otras clasificaciones, habla de fermiones y bosones. Esta categorización tiene en cuenta el “Principio de exclusión de Pauli”. Este principio sostiene, en física cuántica, que no puede haber más de una partícula ocupando un mismo estado cuántico en forma simultánea. Aquellas partículas que cumplen con el Principio de exclusión de Pauli son designadas con el término “fermiones” y las que no lo cumplen son denominadas “bosones”.
Los fermiones se vinculan con la materia y los bosones con las cuatro fuerzas fundamentales: nuclear fuerte, nuclear débil, gravitacional y electromagnética. Los fermiones son afectados por fuerzas (bosones) y los bosones son partículas mediadoras intercambiadas entre fermiones. En definitiva, los fermiones y los bosones  dependen los unos de los otros por estar mutuamente implicados.
Los protones y neutrones del núcleo atómico y los electrones, constituyentes del átomo, están formados por fermiones elementales. Por ser fermiones cumplen con el “Principio de exclusión de Pauli” y no pueden compartir un mismo estado cuántico al mismo tiempo. De allí surge la impenetrabilidad de la materia ordinaria. Esta circunstancia hace que los neutrones, protones, electrones y la unidad átomo sean sustancias extensas, es decir, cubren espacios que no pueden ser ocupados por otros entes materiales en forma simultánea.
El sustrato inasible del universo
Los bosones no cumplen con el Principio de exclusión de Pauli, por tal razón estas partículas elementales pueden ocupar un mismo estado cuántico en forma simultánea. Esto conduce a que los campos de fuerzas son penetrables, resultan ser sustancias inextensas, no ocupan lugar y pueden superponerse en un mismo tiempo y espacio.
Lo destacado de este relato es que los fermiones y los bosones están mutuamente implicados; ambos tienen un sustrato común; los fermiones son materia impenetrable y los bosones forman campos penetrables; y, lo que es más importante, los bosones son tan necesarios, detectables e equiparables como los fermiones.
El último renglón abona la idea que el universo esta constituido por fermiones y bosones, por materia y campos de fuerza, por energía almacenada y energía que fluye; todos en igualdad de condiciones, sin privilegios, en comunión.

El cosmos
La nucleosíntesis primordial o formación de los núcleos atómicos originales concluye antes de cumplirse los 17 minutos después del Big Bang. Las fuerzas nucleares fuerte y débil, como su nombre lo indica, quedan confinadas al interior de los núcleos atómicos. De allí en adelante la constitución de los átomos y las moléculas queda en manos de las fuerzas electromagnéticas y las estructuras cósmicas resultan ser dependientes de las fuerzas gravitatorias, con una sola excepción, las reacciones nucleares que suceden en el interior de las estrellas responsables de la producción de los núcleos más pesados que el hidrógeno y el helio.
En la nucleosíntesis primordial se integran los núcleos atómicos que definen la cantidad y la cualidad de la materia en el universo. La proporción en masa es la siguiente: tres cuartas partes hidrógeno y una cuarta parte de helio, salvo un pequeño resto de otros núcleos.
La majestuosidad del cosmos
La estructura del átomo se consolida en un largo período que centra en los 370.000 años después del Big Bang.  En su desarrollo el cosmos gesta estructuras por acreción de materia debido a las interacciones gravitatorias. De tal forma se crean las estrellas y sus planetas quienes constituyen a su vez las galaxias, éstas los cúmulos, los supercúmulos y otras configuraciones aún más gigantescas.
Recientemente el astrónomo canadiense Richard Brent Tully y su equipo del Instituto de Astronomía de Honolulu (Hawái, EEUU) definen los límites del supercúmulo al cual pertenece la Vía Láctea y por consiguiente el Sistema Solar con su planeta Tierra. Estos investigadores bautizan a este lugar del cosmos con el nombre de “Laniakea”. En el idioma originario hawaiano Laniakea significa “cielo inmenso”
A partir del átomo las estructuras del cosmos son armadas por las fuerzas gravitacionales. Los núcleos más pesados que el hidrógeno y el helio son sintetizados en el interior de las estrellas, en base a los núcleos originarios, en un período de 8000 de millones de años. Estos núcleos pesados constituyen entre un 1 y un 2 por ciento del total de la materia del universo.

Las macromoléculas, la vida y la cultura
El sistema básico que conforma la materia es el átomo. En dicha unidad intervienen componentes con masa como electrones, protones y neutrones (fermiones) e interacciones como las fuerzas nuclear fuerte (bosones) que integran el núcleo y fuerzas electromagnéticas (bosones) que vinculan a los electrones entre sí y con el núcleo.
Por fuera del núcleo atómico solamente intervienen las fuerzas electromagnéticas mediadas por las partículas elementales llamadas “fotones” y las fuerzas gravitacionales que interaccionan por intermedio del “gravitón”. Ambas son bosones aunque este último, el gravitón, no logra verificación experimental.
El fotón tiene una energía proporcional a la frecuencia de su onda vibratoria. A mayor frecuencia transporta más energía. Los campos electromagnéticos son en esencia campos energéticos.
Formados los átomos y las moléculas, las estructuras cósmicas se integran por el común operar entre la materia y las fuerzas gravitacionales. En cambio, son producto de la materia y las fuerzas electromagnéticas las macromoléculas abióticas, la consecuente aparición de la vida y el resultante surgir cultural en las sociedades humanas.
La interacción electromagnética afecta a las partículas que poseen carga eléctrica y es la fuerza que mantiene unidos a los átomos y a las moléculas. Esta fuerza está implicada en todas las transformaciones físicas y químicas de las moléculas, tiene dos sentidos (positivo y negativo) y es de alcance infinito aunque su efectividad disminuye con el cuadrado de la distancia.
La composición de las estrellas es de hidrógeno y helio, por el contrario, el Planeta Tierra es un reducto de componentes pesados: silicio, aluminio, magnesio, hierro, niquel, plomo, carbono, etc. De los 92 elementos no artificiales de la Tabla periódica de Mendeléyev, la célula necesita, en todas sus versiones, menos de 20 de ellos para desarrollar su vida. En los seres humanos tan solo 6 elementos: oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, calcio y fósforo constituyen el 99 por ciento del cuerpo. De estos valores se desprende que con materia muy poco diferenciada más muchísimos entretejidos electromagnéticos es factible la existencia de la biósfera terrestre en general y de la sociedad globalizada del presente en particular.
El genio ruso Dmitri Mendeleyev.
Los mismos átomos que integran la Tierra abiótica desde hace 4500 millones de años son los que producen los seres vivientes en toda su diversidad y, también, son los que posibilitan los hechos culturales que caracterizan al fenómeno humano. La materia es siempre la misma, es polvo de estrellas, las diferencian se consiguen con la gestión de los fotones, de esos bosones inextensos, inmateriales y penetrables que son responsables de la forma, el diseño, la figura, la imagen, el perfil, la esencia, la estampa, el arte, el espíritu de las cosas.
Las macromoléculas, la vida y la cultura son materia y electromagnetismo. Los átomos son los ladrillos y los campos electromagnéticos son los que hacen que el producto sea una habitación, una casa, un edificio de departamentos, una mansión o… un montón de escombros. Los campos electromagnéticos tejen con átomos y de su telar salen las piezas, sean éstas piedras, proteínas, bacterias, peces, simios o lectores internautas. Los campos electromagnéticos hacen que un ente sea lo que es y no otra cosa.

La mente
El mundo sensible es interpretado mediante mecanismos fisiológicos de recepción de ondas electromagnéticas. Los cinco sentidos tradicionales son: visión, audición, gusto, olfato y tacto, aunque es posible contabilizar varios más. Algunos autores citan: la termocepción o percepción del calor; la propiocepción o captación de la situación de las distintas partes del cuerpo; la equilibriocepción o sentido del equilibrio; la nocicepción o manifestación del dolor; la telepatía o comunicación entre mentes; y la precognición o detección de hechos distanciados en el espacio o el tiempo, entre otros.
Más allá de la validez o no de los rubros citados, el aspecto a destacar es que en todos los casos la perturbación que afecta al observador es siempre, en la instancia definitiva, una onda de energía electromagnética. La mente de la persona interacciona con su ambiente mediante la recepción y la emisión de ondas electromagnéticas.
Los constituyentes de la biósfera son los átomos y las fuerzas electromagnéticas. En cierta medida también participa la gravedad aunque ésta no incide en las cuestiones tratadas en este artículo. La mente, como parte de la biósfera también está conformada y opera con esos ingredientes básicos.
Los componentes de la mente humana son dos:
1)      El cerebro, como la parte material, una estructura de átomos; y,
2)      Ondas electromagnéticas, como la parte inmaterial, una red de interrelaciones.
La mente es un proceso
Lo interesante es que la mente no es ni el cerebro ni la red de interrelaciones sino que es el proceso que se genera en el operar de estos dos componentes. De allí la dinámica mental, imposible de parar o acallar.
El organismo humano está conformado por varios subsistemas, entre ellos: digestivo, muscular, respiratorio, inmunológico, reproductor, circulatorio…, y mental. Para el caso, por ejemplo, del sistema digestivo, sus componentes son: la boca, faringe, esófago, estómago, intestino delgado e intestino grueso. Las operaciones que realiza consisten en trituración y transporte de los alimentos, secreción de jugos digestivos, absorción de los nutrientes y excreción de los residuos. Ahora, en esencia, el sistema digestivo es el proceso encargado de preparar los alimentos de las células del cuerpo. Ese proceso no son sólo los componentes citados sino también la red de interconexiones electromagnéticas que posibilitan la dinámica alimenticia. Ambos, átomos y fuerzas, en comunión, hacen al proceso, al subsistema digestivo del sistema organismo.
El subsistema mental es un proceso cuya materialidad es el cerebro y su inmaterialidad las redes electromagnéticas que recorren todo el cuerpo y se concentran en el interior del cráneo. Las dos cosas, en comunión, hacen al proceso mental.
El tejido nervioso cubre todo el organismo y se centraliza en el interior del cráneo y, por ser materia, es extenso, ocupa espacios en los que queda confinado. Las redes electromagnéticas de la mente, en contraste,  son mediadas por bosones y éstos son inextensos y penetrables, es decir, inmateriales. Por esta razón los campos electromagnéticos mentales no quedan contenidos al interior del cuerpo y fluyen al exterior aunque pierdan efectividad en proporción al cuadrado de las distancias.

La mística
La mística es una práctica en esencia meditativa, alejada del conocimiento racional, que busca experimentar la unidad y la interrelación de todas las cosas. Los métodos aplicados son variados aunque todos tienen en común una intención contemplativa y una relajación mental y corporal. Ambas condiciones pretenden adentrarse en el área espiritual, el terreno de las inmaterialidades, de los acoplamientos de campos electromagnéticos.
La mística es una corriente teológica y filosófica que aspira a conocer más allá del mundo sensible. Sin embargo, se puede pensar que la mística es también una forma más de ejercitar aquellos sentidos citados  anteriormente. Para darle un nombre a esta milenaria práctica de la mística, para asir el concepto según la orientación expuesta y para poder referirse a ella como un sentido más, se formula la propuesta de llamarla “misticepción”.
La meditación habilita la misticepción
Desde una mente acondicionada para operar en un estado de conciencia especial es posible orientar el proceso mental de forma que anule las perturbaciones que afectan a los sentidos. Si es aceptable la idea de la “misticepción” corresponde expresar, en este caso, que el proceso mental en ese estado de conciencia extraordinario concentra su atención sobre un único sentido, el de la “misticepción” y neutraliza a todos los demás.
Una mente enfocada en la “misticepción” capta perturbaciones del ambiente imperceptibles bajo otras circunstancias. Es un camino que ofrece una conexión espiritual directa con el entorno. Sin embargo, es necesario esclarecer que todo lo que perturba al ser vivo no es instructivo, tan solo “gatilla” o incita a los órganos receptores del organismo. Es la mente de este ser la que, de acuerdo a su estructura forjada a lo largo de su filo y ontogénesis, puede generar aprendizaje, es decir, modificar su estructura de acuerdo a sus nuevas experiencias.
Silenciada la mente, el sentido de la “misticepción” genera un estado de conciencia especial que experimenta en directo las perturbaciones del entorno sin el filtro del pensamiento conceptual. Es como un entrelazar del proceso mental con campos electromagnéticos externos, sin receptores ni efectores intermediarios, lejos del raciocinio, que genera aprendizaje en la estructura del auto-observador involucrado.

Las cosas que suceden en la biósfera terrestre son materia entretejida con campos electromagnéticos. La mente humana es un proceso generado por materia y campos energéticos. Esos campos electromagnéticos que componen los procesos que hacen al ser vivo son reconocidos por un observador en base a su experiencia en la filo y ontogénesis como una vivencia espiritual. El espíritu es el campo energético que involucra a una cosa determinada que, con mística, la mente humana revela.

Conclusión

Los físicos cuánticos en la búsqueda del sustrato del universo llegan hasta lo más diminuto que la ciencia del presente admite: fermiones y bosones. Esta diferenciación primaria de la energía clasifica a la sustancia básica en dos rubros que pueden también reconocerse como materia y campos de fuerzas.  Ambos, en igualdad de condiciones, sin privilegios, en comunión: Uno, extenso, impenetrable, otro, inextenso, penetrable.
Los seres humanos tienen desarrolladas facultades especiales que los diferencian de los otros animales, como el pensamiento, la autoconciencia, el lenguaje, el raciocinio y el conocimiento místico. Este último cultiva el campo espiritual, redes inmateriales que gobiernan la materia, y, al hacerlo, enriquecen la praxis del vivir.
Campo energético
La espiritualidad es la red electromagnética que le otorga a cada ente su propia identidad, aquello que hace que el ser sea lo que es y no otra cosa. La inmaterialidad de la espiritualidad condice con los campos de fotones y éstos, junto a los átomos, generan los procesos que constituyen cada unidad distinguida por la mente del observador.
El sentido de misticepción conecta en forma directa el campo mental propio del ser humano con perturbaciones de campos energéticos externos, sin receptores ni efectores intermediarios, alejado del pensamiento racional. Es un mano a mano entre espiritualidades.




Reflexiones
  • ¿Existen los fermiones y bosones en igualdad de condiciones, sin privilegios y en comunión?
  • ¿Las estructuras del cosmos se gestan por acreción de materia debida a interacciones gravitatorias?
  • ¿Las macromoléculas, la vida y la cultura son tan solo materia y campos electromagnéticos? ¿Por qué con átomos poco diferenciados se logran tan variados resultados?
  • ¿Interacciona la mente con su ambiente mediante la recepción y la emisión de ondas electromagnéticas? ¿Hay alguna otra forma de interrelación?
  • ¿Es la mente un subsistema del sistema principal? ¿Es la mente un proceso que requiere de la operatoria mancomunada de una parte material y de otra inmaterial o fotónica?
  • ¿El conocimiento místico aspira a conocer más allá del mundo sensible? ¿El bloqueo mental de los sentidos tradicionales pone en acción el sentido místico o de misticepción?
  •  La espiritualidad: ¿Es un campo energético? ¿Este campo energético es un campo de fuerzas, de fotones, electromagnético?
  • La experiencia mística: ¿Es un mano a mano entre espiritualidades?

Mafalda por Quino



  •                                                                          Mario Hails. Mayo de 2015

1 comentario:

  1. Más allá de algunos términos que empleas, propios de tu conocimiento, el artículo resulta interesante, abre panoramas que hacen ejercitar nuestra mente y resulta asequible, por supuesto, para mí. Un abrazo.

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Agradezco tu comentario