sábado, 26 de septiembre de 2015

El desafío de la ciencia


Newton y la ciencia clásica
En la madurez cultural de la Edad Moderna Europea, en las décadas que rondan al 1700, se echan los cimientos de la ciencia clásica occidental. Entre varios intelectuales de ese período resaltan los trabajos del filósofo, político, abogado y escritor inglés Francis Bacon, del filósofo, lógico, matemático, jurista y político alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, del físico, filósofo, teólogo y matemático inglés Isaac Newton y del físico, astrónomo y matemático francés Pierre-Simon Laplace, como referentes fundacionales de la ciencia en el viejo continente.
La ciencia
El pensamiento de la época postula que la realidad física está determinada, que la aplicación de un conjunto de leyes permite conocer los sucesos pasados y predecir los futuros, si se dispone de los datos completos del estado del universo en un instante dado, y además, presupone un tiempo infinito y simétrico. La sociedad ilustrada de aquel período cree estar bien encaminada en sus esfuerzos por alcanzar el saber absoluto.
Transcurridos dos siglos la memoria social recuerda a Issac Newton como el padre de una ciencia absolutamente objetiva, preparada para lograr mediante su perfeccionamiento el conocimiento total de un mundo determinado, con capacidad para sintetizar los fenómenos de la naturaleza en unas cuantas leyes físicas. La mayoría de los científicos, hasta hace unas pocas décadas, están convencidos que sus principios son firmes y que dicho conocimiento total, por ese camino, es un logro cercano.
Issac Newton

Darwin y la evolución
La ciencia clásica, antes de llegar a su apogeo, en los últimos años del siglo XIX, recibe críticas de algunas voces que comienzan a señalar inconsistencias, como aquellas que surgen de las investigaciones en torno a la teoría de la evolución del geólogo y naturalista inglés Charles Darwin.
Charles Darwin
Los seres vivos y la evolución plantean transformaciones en el curso del tiempo que implican una historicidad biológica incompatible con un universo estático y determinista. Esta teoria es una cuña conceptual que abre una grieta de inconsistencia teórica y hiere centros vitales del pensamiento dogmático de la ciencia newtoniana.

Einstein y la relatividad
¡Siglo veinte, cambalache, problemático y febril!... dice un famoso tango argentino. Siglo donde reina la ciencia con todos sus avances tecnológicos y,  en simultáneo, se arranca de raíz, poco a poco, su propio tronco, el que sustenta todas las ramas del saber científico.
Albert Einstein
El físico alemán Albert Einstein, en las primeras décadas del 1900, propone como concepto fundamental que el espacio y el tiempo que se vivencia no son fijos ni inmutables sino que dependen del observador. La teoría de la relatividad de Einstein establece que el espacio y el tiempo están inextricablemente unidos y modifica las ideas newtonianas básicas sobre qué es el tiempo, el espacio y la masa. El físico alemán no derrumba las ecuaciones gravitacionales de Newton aunque sí las relativiza.

Hubble y la expansión del universo
Pocos años después el astrónomo estadounidense Erwin Hubble anuncia el corrimiento al rojo en las frecuencias de las radiaciones recibidas de galaxias lejanas debido a que éstas se separan entre si, en general, y de la Vía Láctea, en particular.
Erwin Hubble
Tal hecho indica que el universo es dinámico, con la consecuencia, confirmada pocas décadas después, que también tiene un inicio, el Big Bang, y una historia hasta el presente. El universo se expande en forma acelerada a partir de un punto inicial que señala una discontinuidad.

Heisenberg y la incertidumbre
En forma paralela la física cuántica se interna en los dominios atómicos, en los ámbitos de lo muy pequeño, y concluye que allí no rigen las leyes de la física clásica. El físico alemán Werner Karl Heisenberg enuncia el “principio de incertidumbre” de la mecánica cuántica, que lleva su nombre, el cual establece que es imposible conocer en forma simultánea la posición y el momento lineal (cantidad de movimiento) de una partícula dada.
Werner Heisenberg
Cuanta más certeza en los valores de una magnitud menos se sabe de la otra. El principio de incertidumbre de Heisenberg habla de un mundo imposible de conocer en forma absoluta porque indica la presencia en la naturaleza de límites infranqueables para el saber.

Prigogine y las estructuras disipativas
Ilya Prigogine nace en Moscú con la revolución bolchevique de 1917. Su familia huye de Rusia y se establece en Bélgica donde se gradúa de químico. En 1977 recibe el Nobel de Química por sus investigaciones sobre las “estructuras disipativas”. Prigogine estudia los sistemas alejados del equilibrio y establece que éstos disponen de estructuras disipativas coherentes. Para este químico los procesos irreversibles en estado de desequilibrio son fuente de orden, creadores de organización y se desarrollan con un flujo creciente de disipación de energía. Afirma que el tiempo tiene una dirección y un sentido, lo representa con la figura de “la flecha del tiempo” y rompe con la simetría temporal clásica.
Ilya Prigogine
Propone que la ciencia se aboque al estudio de la complejidad, a las situaciones de caos, al orden que se establece cuando se incrementa la disipación de energía. La complejidad entendida, no como algo dificultoso o enmarañado, sino como suceso que ocurre asidua y naturalmente con resultados imprevisibles para el observador. Confirma a la complejidad como un mecanismo aplicado en la construcción del universo conocido y un tiempo con principio y fin, que deja de ser infinito y simétrico.

Gödel y las verdades/falsedades indemostrables
El matemático y filósofo Kurt Gödel (1906-1978), de padres alemanes, nacido en el territorio actual de la República Checa, de nacionalidad austríaca, pone límites al conocimiento racional al establecer la incapacidad de la física, las matemáticas, la filosofía y las ciencias en general, para demostrar la verdad/falsedad de todas sus aseveraciones. Gödel condena a la ciencia exacta por excelencia, las matemáticas, a desechar sus anhelos de certeza en la solución de todo problema planteado con la lógica correcta pues siempre existen afirmaciones bien definidas que no pueden ser aceptadas como ciertas ni rechazadas como falsas.
Albert Einstein y Kurt Gödel en EEUU
Expresiones claras al entendimiento del Teorema de Gödel son las siguientes: “existen aseveraciones cuya verdad/falsedad no vamos a poder demostrar”; “si un sistema es consistente, entonces es incompleto, y si el sistema es completo, entonces es inconsistente”; “toda formulación axiomática y consistente incluye proposiciones indecidibles”.


Un artículo muy interesante y accesible publica el Dr. Alfredo Alejandro Careaga de la Universidad Nacional Autónoma de México. (http://exordio.qfb.umich.mx/archivos%20pdf%20de%20trabajo%20umsnh/aphilosofia/2007/teorema_godel.pdf)

Maturana y la objetividad entre paréntesis
Casi al finalizar el siglo XX, el médico, biólogo y neurofisiólogo chileno Humberto Maturana expone su biología del conocimiento, basada en la objetividad entre paréntesis (objetividad). La (objetividad) se fundamenta en la imposibilidad del observador de hacer referencia a nada externo para convalidar sus explicaciones. Maturana llega a la conclusión, en sus investigaciones neurofisiológicas de la visión de colores en vertebrados, que no es posible encontrar correlaciones entre la actividad del sistema nervioso y los objetos externos a él. Los colores son el fruto de experiencias en la filo y la ontogénesis del observador y no una cualidad intrínseca de las cosas distinguidas. La vivencia de los colores es un resultado mental independiente de las longitudes de onda de la luz proveniente de los cuerpos que se aprecian. Tal es así, que el ser humano es incapaz de distinguir entre percepción e ilusión porque una experiencia posterior puede invalidar una anterior. La validez o no de una vivencia es siempre una opinión del observador y nunca una referencia objetiva de un hecho externo a él. El observador explica su propia experiencia con otra u otras vivencias anteriores y no una realidad ajena a su persona. La explicación no reemplaza aquello que explica. Las cosas no son como son sino que son como eres.
Humberto Maturana
Se piensa, se comprende, se razona, gracias al relato y cada observador tiene el suyo. La ciencia establece la aplicación de un método en la confección del relato y el concepto de (objetividad) exige un esfuerzo significativo intelectual para volver a estructurar el conocimiento humano, no ya sobre cimientos sólidos como lo hizo la ciencia clásica sino sobre una plataforma endeble que flota sobre un mar bravío.

El desafío de la ciencia
La ciencia del presente tiene que erigirse sobre nuevos dogmas. Éstos deben contemplar la vigencia de masas y espacios relativos; de flechas del tiempo irreversibles y afectadas por el entorno; de un cosmos con una historia única; de un mundo de complejidades naturales y necesarias; de verdades/falsedades indemostrables; de observaciones indeterminadas; de observadores (objetivos)... La tarea es titánica y, sin duda alguna, posible.
La ciencia con sus métodos acordados es la herramienta adecuada para continuar con el avance del conocimiento. Su mayor virtud es, quizás, su capacidad para destejer los puntos equivocados y rehacer con optimismo la labor emprendida. La ciencia como el conocimiento es producto de su propia praxis, en consecuencia, queda planteado su desafío en la tarea de rehacerse a sí misma.


Reflexiones

  • La ciencia ¿Tiene toda la verdad entre sus manos?
  • ¿Hay una historicidad cósmica? ¿Una historicidad biológica? ¿Una cultural? ¿Son tres o es una sola historia?
  • El espacio, el tiempo y la masa ¿Son relativos a la valoración del observador?
  • ¿Es imposible conocer en forma simultánea la posición y el momento lineal de una partícula cuántica?
  • En estructuras disipativas muy alejadas del equilibrio ¿La complejidad hace imprevisible el conocimiento del sistema observado en un futuro inmediato?
  • ¿El tiempo es irreversible?
  • ¿Siempre existen verdades/falsedades indemostrables?
  • ¿El observador distingue objetivamente un mundo externo a él? Esa objetividad ¿Es afectada por sus sentidos, su lenguaje o su cultura?
  • ¿Es posible distinguir entre percepción e ilusión? ¿Es factible ser objetivo?
  • ¿Las cosas son como son o son como eres?

Mafalda por Quino


                                                                            Mario Hails, septiembre de 2015